

Tour de Francia, 15-7-1969, 17ª etapa
La etapa salía de Luchon. Merckx era líder
después de ganar las etapas del Ballon d'Alsace, la contra reloj de Divonne-les-Bains
y la que finalizaba en Digne. Disponía de una ventaja de 8' 21" sobre Roger
Pingeon, reciente vencedor de la Vuelta, 9' 29" sobre Gimondi y 12' 46" sobre
Poulidor. También era Merckx el líder de la clasificación por puntos, de la
montaña y de la combinada.
Se trataba de la etapa reina de ese año. Cinco puertos de montaña en 214 km:
Peyresourde en el km 13, Aspin en el 44, Tourmalet en el 74, Soulor en el 130 y
Aubisque en el 140. Desde la cima de este último, todavía quedaban 74 km llanos
hasta la meta de Mourenx.
La subida al Peyresourde se desarrolla con tranquilidad. Es Galera el primero en
pasar la cumbre con unos segundos de ventaja sobre Bellone, Dancelli y Merckx. 
Aunque después hay reagrupamiento, en el Aspin, la situación es muy parecida. Se
inicia la subida del Tourmalet con el pelotón agrupado. Se forma en cabeza un
grupo de 14 corredores y por la cima pasa Merckx en primer lugar, seguido por
Vandenbossche.A 5" pasaron Zimmerman, Poulidor y Gutty; a 10" Bayssiere,
Theillière, Pingeon y Gandarias.
Obsesionado con evitar una posible caída provocada por la bajada en grupo,
Merckx se lanza en solitario hacia Luz-Saint-Sauveur. En Argelès, la ventaja es
de 1' sobre Pingeon, Poulidor, Bayssière, Theillière, Zimmerman y Vandenbossche;
Gimondi se encuentra ya a 4'.
A pesar de la distancia enorme que quedaba hasta meta (140 km) Merckx continúa
en solitario y en las faldas del Aubisque su ventaja ha aumentado hasta 3' 30".
En el paso del Aubisque, ya son 7'. A 35 km de Mourenx alcanza los 7' 30",
aunque ya se le ve desfallecer.
En la línea de meta, Merckx vence la etapa con una ventaja de casi 8' sobre el
grupo, encabezado por Dancelli.
Desde entonces empezó a conocerse a Eddy Merckx como "El Caníbal".
Y se propuso que Mourenx pasara a llamarse "Mourenckx" ;-).
Extraído de Velo Magazine, nº 297, Abril 1994
París-Tours, 10/10/1965
Con motivo del
centenario de la clásica francesa París-Tours, relatamos este mes la historia de
una de sus ediciones.
En 1965, se produjo un hecho insólito y no repetido en la Clásica París-Tours.
Estaba viva en esa época la polémica sobre el recorrido de la prueba; había
quien criticaba su perfil completamente llano, y quien la defendía como prueba
apta para los rodadores-sprinters, que también tenían derecho a tener en el
calendario una prueba óptima para ellos.
Para salir al paso de estos comentarios, la organización decidió una medida
insólita: volver bastantes años atrás imponiendo a los corredores la prohibición
de instalar cambio en sus bicicletas. Se utilizaba rueda libre y se podía
cambiar de rueda o de bicicleta pero no se podía cambiar en marcha.
De esta manera, la elección de desarrollo se volvió fundamental. Algo parecido a
lo que ocurre hoy en día en las carreras automovilísticas de Fórmula 1 con la
elección de neumáticos, especialmente en los días semilluviosos.
Anquetil escogió 52x16 (6,76 m), Poulidor 51x17 (6,24 m) aunque al final de
carrera cambiarían a 49x13 (7,90 m) y 51x15 (7,10 m) respectivamente. Karstens
se inclinó por 53x16 que sustituiría por 53x15 (7,35 m) a 25 km de meta.
La carrera propició las escapadas de corredores como Anglade, Aimar, Monty, Tom
Simpson. Pero la escapada buena fue la del holandés Gerben Karstens,
neoprofesional en ese año, atacó con fuerza y nadie pudo superarle. Anquetil fue
desviado de la ruta correcta a 1200 m de la meta cuando intentaba dar caza al
holandés.
Gerben Karstens consiguió la importante hazaña de recorrer los 246 km de la
carrera a la media de 45,029 km/h de media, con lo que estableció un nuevo
récord de la prueba.
La experiencia insólita de prohibir el uso del cambio no ha vuelto a repetirse
jamás. .
Extraído de Miroir du cyclisme, nº 471, Octubre 1993
Tour de Francia, 1948
En 1948, el italiano Gino Bartali, también conocido como "Il Pio" ("El
Piadoso") o "Il Vecchio" ("El Viejo") protagonizó un Tour extraordinario. Ya
había vencido en el Tour de 1938, y la proeza de vencer dos ediciones con diez
años de diferencia, todavía no ha sido igualada por nadie.
En la víspera de
la etapa pirenaica entre Biarritz y Lourdes,
el líder era el entonces joven promesa de Francia Louison Bobet. Gino Bartali
había tenido un mal comienzo de Tour y se encontraba a, nada menos, que 21' 51"
del maillot amarillo. En esta etapa los favoritos llegaron con pocas
diferencias. La siguiente etapa, atravesaba el col d'Ares, Tourmalet,
Peyresourde y Aspin. Venció Bartali y se colocó a 18' 18" del líder. ¡Todavía
una diferencia prohibitiva, para quien quiere vencer el Tour!.
En la etapa que transcurría entre Montpellier y Marsella, pese a no ser de alta
montaña, atacó Bartali y se formaron varios grupos. Bobet mantuvo el liderato,
pero con sólo 29" de ventaja sobre Lambrecht y ¡11' 49"! sobre Bartali.
Pero en Cannes, después de subir el Turini, venció de nuevo Bobet y la ventaja
sobre el italiano volvió a aumentar hasta los 21'.
La etapa Cannes-Briançon, de 274 Km y con el Logis du Pen, Allos, Vars e Izoard
fue histórica. En Vars, Bobet y Bartali iban juntos. El italiano atacaba a
golpes, intentando disminuir las fuerzas de su rival. En Izoard, Bartali lanzó
el ataque definitivo; por la cima llevaba 5' 30" sobre Vietto y Camellini y 11'
30" sobre Bobet. En la meta, Bobet consiguió mantener el liderato por tan sólo
51". Había llegado a 21' de Gino.
Al día siguiente, Briançon-Aix les Bains, 263 km por el Telegraphe, Galibier,
Croix de Fer y Porte. La sorpresa se produjo con la escapada de Bobet, Geminiani
y Lapebie. Pero al principio del Galibier, Bartali les dio alcance. En el col de
Porte, Bartali lanzó la ofensiva. Obtuvo en la meta más de 6' sobre Lazarides y
Ockers. Bobet llegó a 8'.
Después de una jornada de descanso y con Bartali ya de maillot amarillo, se
disputó la etapa con llegada a Lausanne. Volvió a vencer Bartali (la sexta
victoria de etapa en este edición del Tour).
La clasificación general final colocó a Bartali en el primer puesto, seguido por
Schotte a 26' 16", Lapebie a 28' 48" y Bobet a 32' 59". Un Tour extraordinario
de un corredor extraordinario.
Extraído de BICISPORT (Italia) 10/95
PARIS-ROUEN, 1869
Aunque
anteriormente ya se habían disputado algunas carreras de corta distancia, la
París-Rouen celebrada el 7 de noviembre de 1869, fue la primera "clásica" de la
historia.
El reglamento decía que "la marcha a pie estaba admitida a condición de que
fuera el propio participante el que condujera o remolcara su propio vehículo.
Toda ayuda ajena, todo empleo de motores u otras fuerzas humanas entrañaban la
descalificación del corredor."
Se fijó un plazo máximo de 24 horas para concluir los 123 km que separan las dos
ciudades.
La salida se dio lugar en el Arco de Triunfo de París. Aunque en la
preinscripción se llegó hasta los 203, lo cierto es que sólo había en la salida
unos cien participantes, cinco de ellos, mujeres.
El vencedor fue el británico James Moore, que completó el recorrido en 10 horas
y 40 minutos. 15 minutos más tarde llegaron Castera y Bobillier. Una de las
mujeres participantes, Miss América, llegó en el puesto 26. Sólamente 30 de los
participantes pudieron completar el trayecto en el plazo de las 24 horas.
Extraído del libro "Los orígenes del ciclismo" de Juan Carlos Pérez. Ed. Librería Deportiva. 1983
Milán-San Remo, 19/3/57, 19/3/58, 19/3/59 Marzo, el mes del
comienzo de la Primavera y el mes de la primera gran clásica de la temporada:
Milán-San Remo, también conocida como "La Primavera" o la "Clásica de San
José".
Miguel
Poblet es, sin duda, el mejor sprinter español de todos los tiempos. Pero sus
cualidades no se limitaban al sprint, como lo acreditan sus tres Campeonatos de
España de montaña consecutivos en los años 1947, 1948 y 1949. Se le conoció como
"el bebé de Moncada" y "Sancho Panza". Donde brilló enormemente Poblet fue en la
clásicas y en los sprints. Su época dorada en Milán-San Remo fue en los años
1957, 58 y 59, cuando formaba parte del equipo italiano IGNIS. En 1957, se
produjo una larga escapada del italiano Barone. Por detrás de él, ya cerca de
meta se formó un grupo integrado por De Bruyne, Robinson, Planckaert, Poblet y
Schepens. Dieron alcance al fugado y se disputaron la victoria al sprint. Aunque
dio la impresión de que iba a ganar De Bruyne, en el último momento le superó
Miguel Poblet. En 1958, llegó a la línea de meta un pelotón de unos 70 hombres.
Aunque el sprint es muy apretado, se impone Rik Van Looy por delante de Poblet y
Darrigade. La edición de 1959 coinicidió con el cincuentenario de la prueba.
Aunque hubo varios escarceos, a 15 km de meta se recompuso el pelotón, de unos
90 corredores. Ante los mejores sprinters del mundo, se impuso Poblet. Por
detrás entraron Van Steenbergen, Van Daele, Demulder y Van Aerde. En 1960 el
recorrido de la clásica italiana sufrió un cambio en su recorrido: por primera
vez se incluyó la ascensión del Poggio, a escasos km. de meta. Quizás esto
influyera para que Poblet no volviera a ocupar puestos de honor en la "Clásica
de San José".
Extraído de I Quaderni di Bicisport, Mayo 1995
Roger de Vlaeminck ha sido el ciclista que más ha brillado
en París-Roubaix. Esta carrera, considerada como la reina de las clásicas, es
también conocida como "El infierno del Norte" o "La Pascale" ("La Pascual").
Sus famosos tramos de pavés condicionan la prueba. Las caídas o los pinchazos
pueden ocasionar que no gane el más fuerte, pero difícilmente no gana uno de los
más fuertes.
Y el gran
especialista de los adoquines fue, sin duda, Roger De Vlaeminck "El Gitano", el
único corredor que ha conseguido llegar victorioso a Roubaix en cuatro
ocasiones: 1972, 1974, 1975 y 1977. Además fue 2º en el 70, 78, 79 y 81, 3º en
el 76 y 5º en el 69. Y todo ello coincidiendo durante varios años con Eddy
Merckx.
El 16 de Abril de 1972 logró su primer triunfo. En el Bois d'Arenberg hubo
numerosas caídas y muchos corredores quedaron rezagados, entre ellos el entonces
campeón del mundo Eddy Merckx. Quedaron en cabeza 20 corredores, destacando
Gimondi, Van Springel, De Vlaeminck, Janssen, Guimard y Basso.
Poco después abandonó Gimondi y probó fortuna el belga Van Malderghem. Tras él
salió en solitario De Vlaeminck, que lo alcanza y lo deja atrás a diez km. de
meta.
De Vlaeminck consiguió la victoria con 1' 57" de ventaja sobre Dierickx. Fue la
primera de cuatro, la mejor serie en Roubaix. De ahí que se conozca también a
Roger De Vlaeminck como "Monsieur París-Roubaix"
Extraído de I Quaderni di Bicisport, Septiembre 1996
8
de Junio de 1956, el Giro llegaba al monte Bondone tras un largo recorrido por
los Dolomitas. Si bien este puerto no es tan duro como el Stelvio o el Mortirolo,
sí lo suficiente como para dinamitar la carrera.
El luxemburgués Charlie Gaul, uno de los mejores ciclistas de aquella decada
partía en un principio como favorito, pero tras haber cometido bastantes errores
en las primeras etapas parecía descartado para la lucha por la maglia rosa.
La etapa comenzó con algo de frío, pero en mitad de la ascensión de los
Dolomitas empezó a apretar el calor. Fornara, el líder, era el favorito para
esta etapa. Al llegar a las faldas del Bondone, como por arte de magia, se
empezó a oscurecer el cielo, comenzó a llover, a diluviar, a granizar, tras
haber caído la temperatura hasta ¡10º bajo cero!.
Muchísimos ciclistas, entre ellos Bahamontes, empezaron a retirarse; incluso a
14 kms de la cima, donde estaba situada la meta, el propio líder Fornara se bajó
de la bicicleta.
Charlie Gaul que había hecho toda la ascensión en solitario entró en la meta
victorioso, aún tuvó fuerzas para mover ligeramente su mano derecha en señal de
victoria. Después, cayó incosciente. Cuando despertó no recordaba nada de los
últimos 5 km. Charlie Gaul ganó ese Giro...
texto extraido de "El Alpe D'Huez" Editorial Plaza & Janes adaptado por Juan Moreno y José Antonio Moreno
En
la salida del Giro de 1949, habia dos claros favoritos: Fausto Coppi y Gino
Bartali. Este había vencido en el Tour del año anterior y Coppi (Il
campionissimo) quería dejar clara su supremacía.
Fausto Coppi, es considerado por muchos como el mejor ciclista de todos los
tiempos, junto a Eddy Merckx. Aunque su palmarés no es tan impresionante como el
del belga, hay que tener en cuenta que su carrera se vio interrumpida en parte
por la II Guerra Mundial.
Aún así, figuran en su palmarés 2 Tours (9 etapas), 5 Giros (22 etapas), 1
Campeonato del Mundo, 1 París-Roubaix, 5 Giros de Lombardía y 3 Milán-San Remo.
En la 11ª etapa, entre Bassano y Bolzano, Coppi ya contaba con 10 minutos de
ventaja en la general, pero Bartali todavía tenía esperanzas, pues quedaba una
terrorífica etapa con cinco puertos y llegada en Pinerolo.
Sorprendentemente, a los 50 km de carrera, Coppi ya se encuentra sólo en cabeza
cuando se está ascendiendo el col de la Maddalena. En la cima de este col, su
ventaja sobre Bartali es de 2 minutos.
Todo apunta a un duelo en la distancia entre los dos grandes ciclistas italianos
de la época. Pero pronto se ve que Bartali no va a poder resistir el ritmo de
Coppi. En el col de Vars, la ventaja ha aumentado hasta 4' 29".
Pronto empieza la ascensión de otro coloso alpino, el col de Izoard. Al
culminarlo la ventaja es de casi 7' sobre Bartali y de 10' 40" sobre Jomaux.
Después del paso de Montgenèvre, Cesana y el col de Sestriere, la diferencia es
de 8'. En la meta de Pinerolo, Coppi vence la etapa con 11' 52" sobre Bartali.
Una victoria impresionante de uno de los ciclistas más grandes de todos los
tiempos.
texto extraido de "La montagne des géants" Editorial VMS Miroir du Cyclisme, 1989.
Cuando
iba a comenzar el Tour de 1973, Luis Ocaña era el gran favorito. En 1971 había
doblegado a Eddy Merckx en Orcières-Merlette, para luego abandonar tras una
caída en el descenso del col de Mente.
En 1972 tuvo que abandonar enfermo, pero en 1973 Merckx había decidido correr (y
vencer) la Vuelta y el Giro y no participar en el Tour.
Después de las primeras etapas, el corredor conquense vestía el maillot amarillo
cuando se iba a afrontar la octava etapa, un terrible trayecto entre Méribel-les-Allues
y Les Orres, con la Madeleine, Télégraphe, Galibier e Izoard y final en la
ascensión a Les Orres.
Los rivales previstos eran Thévenet y Fuente fundamentalmente. La Madeleine se
subió a tren, pero en el Télégraphe José Manuel Fuente empezó a lanzar ataques
cortos y repetidos: sólamente Ocaña y Thévenet le resisten; Zoetemelk consigue
enlazar por momentos pero vuelve a quedarse.
En la base del Galibier, Zoetemelk alcanza de nuevo la cabeza junto a Pedro
Torres, López Carril y Ovion. A 6 km. de la cima del coloso alpino, Fuente
vuelve a atacar y esta vez sólo queda Ocaña en su compañía. Viendo que no va a
poder con el de Cuenca, el "Tarangu" se sitúa a su rueda sin dar más relevos.
Antes de comenzar a ascender el Izoard, la ventaja de los dos españoles es de 1'
30" sobre Thévenet, López Carril y Mariano Martínez. A 6' 30" circulaba el
primer grupo de un pelotón totalmente disgregado. En el trayecto, López Carril
pierde terreno y Martínez no da ni un solo relevo, por lo que se presenta una
batalla singular entre Ocaña y Thévenet. En la cima Ocaña aventaja al francés en
4' 15" y al primer grupo en 10' 50".
A 30 km de meta, Fuente pincha y Ocaña se dirige en solitario hacia la meta.
Llega a dejar a Fuente a 2', pero un desfallecimiento en los últimos kilómetros,
reduce la diferencia a 58". A 7' llegaron Thévenet y Martínez, Perin a 13', el
resto a más de 20'. El coche escoba llegó a más de una hora.
Al ver a los periodistas Ocaña dijo: "Dejadme, estoy cansado, ya lo véis. Nunca
había sufrido tanto sobre una bicicleta".
CLASIFICACION GENERAL FINAL: 1º Ocaña, 2º Thévenet a 15' 51", 3º Fuente a 17'
51".
texto extraido de "La montagne des géants" Editorial VMS Miroir du Cyclisme, 1989.
En 1965 Jacques Anquetil (Maître Jacques, Monsieur Crono), era una figura
consagrada. Ya tenía en su palmarés 5 Tours de Francia y precisamente al año
anterior había hecho el doblete Giro-Tour.
Pero seguía sin entrar de lleno en el corazón de los franceses, que tenían más
cariño por Poulidor. Quizás por eso, Raphael Geminiani, entonces director
deportivo de Anquetil, le propuso realizar una hazaña única y extraordinaria:
vencer la Dauphiné Libéré y sólo 24 horas más tarde la clásica Burdeos-París.
Cuando en febrero Geminiani hizo la propuesta por primera vez, la respuesta
inmediata de Anquetil fue: ¡Estás loco!. Pero finalmente accedió con la
condición de que si fracasaba, Geminiani asumiera las culpas de la idea.
El primer problema era vencer en la Dauphiné. Poulidor acababa de correr la
Vuelta a España y estaba en gran forma (terminó segundo por detrás de Wolfshohl),
pero finalmente Anquetil consiguió vencer la prueba. A partir de este momento
comenzó un proceso escalofriante:
16:58 finaliza la última etapa del Dauphiné
17:00 Anquetil cumple con el protocolo en el podium
17:20 Ducha
17:55 Sube en un Ford Taunus que lo traslada al aeropuerto de Nîmes
18:30 Llegada al aeropuerto, donde le espera un Mystère 20 puesto a su
diposición por el Gobierno francés
18:56 Despega el avión
19:35 Aterriza el avión en Burdeos, se traslada a un hotel donde descansa
02:00 Se inicia la Burdeos-París
La Burdeos-París,
una gran clásica ahora desaparecida, tenía un recorrido de 567 km, con algunos
tramos tras derny.
Los primeros kilómetros fueron difíciles, pues a la dificultad de la noche se
sumó la lluvia (a la que Anquetil odiaba). A las 4 de la mañana estuvo a punto
de abandonar, pero Geminiani le convenció para seguir.
François Mahé había conseguido una importante ventaja de 6 minutos, que
finalmente fue contrarrestada por Anquetil, Simpson y Stablinski. Pero sólamente
faltaban doce km para la meta cuando Anquetil consiguió deshacerse del británico
Tom Simpson.
La entrada en el velódromo del Parque de Los Príncipes fue apoteósica.
Probablemente Anquetil recibió la mayor ovación de su carrera.
Janine, la compañera del campeón normando, dijo al concluir el doblete:"Yo creo
que él sabía que nunca nadie más podría hacerlo..."
texto extraido de "Vélo Magazine" nº 332, junio 1997
Bernard Hinault ha sido, sin duda, uno de los más grandes campeones de todos
los tiempos. Aunque en España se le conoción por "El Caimán", su apodo original
"Le Blaireau" ("El tejón") se lo impuso él mismo. Ocurrió tras vencer el
Campeonato del Mundo de 1980 celebrado en Sallanches (Francia).
Un periodista le
preguntó a qué animal le gustaría parecerse; inmediatamente contestó "Al tejón.
Tiene un gran coraje, Elige sus presas y espera el tiempo que sea preciso. Surge
cuando su presa está cerca como un resorte, de forma implacable. Si se le ataca,
su furor combativo llega al paroxismo. Igualmente yo elijo mis objetivos y los
espero."
Cuando se disputó el Campeonato del Mundo en 1980, Hinault ya había vencido dos
Tours, 1 Vuelta y varias clásicas importantes. En ese mismo año añadió a su
palmarés Lieja-Bastogne-Lieja y el Giro. Pero en el Tour, en el que partía como
gran favorito, tuvo que abandonar por una lesión en la rodilla.
Esto hizo que se presentara en septiembre algo más fresco que algunos de sus
principales rivales. El circuito era durísimo: 20 vueltas a un circuito con la
cuesta de Domancy como principal dificultad.
Después de una pequeña maniobra de Hinault, escapando con De Muynck en la
primera vuelta y alcanzando 30" de ventaja, empezó la batalla.
En el km. 33 escapó el francés Mariano Martínez con Andersen. La ventaja de 5'
hizo trabajar al resto de selecciones con favoritos. Cuando en el km 140 son
capturados los escapados, Hinault empezó a observar a sus adversarios. Un primer
demarrage en la vuelta nº 12 desbancó a Saronni, Moser y Zoetemelk. En la vuelta
siguiente, en la cuesta de Domancy, sólo nueve corredores pudieron seguir su
estela. En la vuelta 14 "El tejón" volvió a atacar; la consecuencia fue que sólo
Pollentier, Baronchelli, Marcussen y Millar quedaron con él. Hinault los iba a
eliminar de uno en uno, siempre con el mismo sistema: el ataque en la cuesta.
Progresivamente fueron cediendo: Pollentier en la vuelta 15, Marcussen en la 17,
Millar en la 18, sólo quedaba Baronchelli. En la vigésima y última vuelta,
contaban con 4 minutos de ventaja sobre el siguiente grupo. En Domancy, a 8 km
de meta, Hinault se fue solo y entró en meta con más de 1 minuto de ventaja
sobre Baronchelli.
texto extraido de "Les conquérants de l'arc-en-ciel" Ed. VMS Miroir du cyclisme, 1989
El Gavia es un puerto mítico del Giro a pesar de haberse subido sólamente en
dos ocasiones. Hay dos factores que lo convierten en una dura prueba para los
ciclistas; uno de ellos es la altura: 2621 metros; otro es el mal estado de su
firme. Pero además en las dos ascenciones efectuadas hasta ahora, el mal tiempo
ha contribuido a mitificar este paso.
En 1960, los Juegos Olímpicos se iban a celebrar en Roma. Esto hizo que la
atención de los italianos se centrara casi exclusivamente en ellos. Vincenzo
Torriani, el patrón del Giro tuvo que emplear todas sus armas para que su
carrera no pasara desapercibida.
Uno de los recursos fue incluir el Gavia en el recorrido. De esta manera se
afrontó la penúltima etapa de la "corsa rosa" entre Trento y Bormio, con estos
puertos en su recorrido: Molina di Ledro (638 m.), Campo Carlo Mango (1682),
Tonale (1883) y Gavia (2621).
Los corredores que luchaban por la victoria montaron en sus bicicletas
desarrollos alrededor del 44x25. Rik Van Looy, que estaba en un gran momento de
forma, escapó al principio de etapa afrontando en primera posición el Gavia. El
frío, la lluvia y la niebla hicieron dramática la ascensión. De repente, Van
Looy pareció quedarse sin fuezas y fue superado por Massignan. Anquetil, que
venía con Nencini, tuvo que ceder ante éste en la lucha por la maglia rosa.
En el descenso, Massignan sufrió dos pinchazos, lo que permitió la victoria de
Gaul por 14". A 1' 7" llegó Nencini y algo más tarde Anquetil, que mantuvo el
liderato por 28". El francés consiguió la victoria final, pero ese año tuvo que
renunciar a participar en el Tour.
Tuvieron que pasar
veintiocho años, para que el Giro volviera al Gavia. En 1988 estaba incluido en
la etapa Chiesa Valmalenco-Bormio. Chioccioli era el líder de la general,
acosado por Hampsten y Breukink.
La víspera de la etapa estaba nevando en el Gavia, pero por la mañana las
máquinas quitanieves consiguieron abrir la carretera.
Después de pasar por Aprica bajo la lluvia, comenzó la ascensión al Gavia. Los
corredores debieron tener la impresión de que entraban en el infierno: hacía un
frío intenso, nevaba y la carretera, sin asfalto, era un camino de barro.
El holandés Johan Van der Velde pasó la cima en primera posición cubierto de
nieve y con una temperatura de 5º bajo cero. Pero el descenso fue todavía más
duro. Muchos corredores, entre ellos Van der Velde, tuvieron que parar varias
veces para entrar en calor en los coches y caravanas de los espectadores.
Mientras tanto, Breukink y Hampsten pudieron soportar la situación y llegaron en
cabeza con 7" de ventaja para el primero.Chioccioli llegó a 5' y cedió la maglia
rosa a Hampsten, que a la postre, fue el vencedor final.
A 5'2" llegó Zimmermann, Delgado a 7'8", Bernard a 9' 21", Contini a 14' 36",
Chiappucci a 16' 16"....... Van der Velde ¡¡ a 46' 49" !!
Fue la última vez que se vio a Van der Velde en cabeza de una prueba. Desde
entonces fue un misterio incluso saber su paradero.
texto extraido de Bicisport (Italia) 6/96
André Mahé fue un corredor francés de finales de los 40 y principios de los
cincuenta. Sus principales triunfos se produjeron en clásicas.
En
1949 consiguió la victoria en París-Roubaix, ex-aequo con Serse Coppi (el
hermano del campeonísimo Fausto), después de un extraño asunto. Cuando iban
escapados Mahé, Leenen y Jacques Mújica, fueron desviados errónamente del
itinerario por un policía. En el desconcierto, Mújica cayó y Leenen y Mahé
entraron al velódromo por donde pudieron, disputaron el sprint y venció Mahé. El
pelotón entró encabezado por Serse Coppi, pero éste presentó una reclamación
alegando que Mahé y Leenen no habían efectuado el recorrido correcto. La
decisión salomónica fue proclamar a Serse Coppi y Mahé, vencedores ex-aequo.
Al año siguiente, en París-Tours, Mahé quiso demostrar que era el auténtico
vencedor de aquella París-Roubaix y se propuso vencerla por encima de todo.
No fue fácil controlar una carrera de 251 km, pues debido a la gran velocidad a
la que se rodaba, el pelotón se fraccionaba con frecuencia. A los 200 km de
carrera, quedaban unos 80 hombres en cabeza. Mahé estaba entre ellos, pero no
podía esperar al sprint, pues no era su especialidad.
A diez km de meta, Mahé se deshizo de su comida, de los tubulares y de la
cantimplora y atacó con decisión; pero no logró hacer un gran hueco, su ventaja
se limitó a 200 metros, que a pesar de su gran esfuerzo no podía aumentar.
Los últimos 5 km. fueron penosos, pero consiguió llegar a la meta como vencedor.
Según contó más tarde Mahé: "Poco a poco el griterío se fue extinguiendo y sólo
veía cómo la gente agitaba sus brazos, silenciosa. Empecé a ver borrosas las
imágenes, perdía la visión. Pero de pronto ocurrió algo extraordinario. Semi-inconsciente
noté que me zarandeaban mientras me iba sumergiendo en un oscuro abismo. Hasta
el día siguiente no me enteré de que había sido el vencedor de la París-Tours de
1950".
texto extraido de un artículo de Vicente Coscollá en META 2MIL, nº89, 10/X/89
Alrededor de 1950, el ciclismo suizo vivió una época especialmente
esplendorosa, en base a los éxitos de dos campeones excepcionales: "las dos K",
Ferdi Kubler y Hugo Koblet.
Fueron dos corredores completamente diferentes, tanto en lo físico como en su
manera de correr, pero mantenían una excelente relación personal.
Kubler fue un corredor con una gran voluntad, su físico era desgarbado y su
forma de correr más bien convulsiva. En cambio, Koblet era elegante tanto sobre
la bicicleta como fuera de ella. El apodo con el que se le conoció fue "Pedaleur
de charme", algo así como "el ciclista encantador".
En 1950 Kubler venció el Tour y en 1951 la Flecha Valona, Lieja-Bastogne-Lieja y
Tour de Suiza. Sin embargo en el Tour de ese año, la victoria fue para Koblet.
El primer gran golpe lo protagonizó en la etapa Brive-Agen. Treinta kilómetros
después de la salida, y en un pequeño puerto, lanzó su ataque con el que pronto
alcanzó 3' de ventaja. A pesar de la reacción del pelotón, con Coppi, Bartali,
Magni, Geminiani, Bobet, Robic, Ockers etc. la fuga llegó a su fin. Koblet llegó
a meta (después de peinarse y lavarse con su esponja) con 2' 29" de ventaja,
después de 135 km de escapada.
A pesar de los ataques de sus rivales en los Pirineos y en los Alpes, el suizo
mantuvo su posición.
Pero antes de acabar la carrera todavía dio otro recital en la última
contra-reloj. En ella dobló a Bartali y dejó a Geminiani (segundo en la general
final) a ¡¡¡ 12'!!!.
En la general final, su ventaja sobre el segundo fue de 22'.
Unos meses más tarde, en la Vuelta a México, contrajo una enfermedad venérea,
tras la cual, nunca volvió a recuperar su nivel anterior. En 1964 murió tras
estrellarse su coche a más de 120 km/h.
texto extraido de "Le Tour de France intime" (Philippe Brunel), Ed. Calmann-Levy 1995, y "La gran historia del Tour" Ed. Dorleta, 1989
La Volta al Camp de Morvedre fue una carrera de un día que se corrió en los
años ochenta, en los alrededores de Sagunto (Valencia). En varias de sus
ediciones, recibimos de su organizador, José Ramón Mateu, el encargo de hacer un
video de la carrera, incluidos los prolegómenos.
Gracias a esto tuvimos ocasión de hacer varias entrevistas a grandes figuras del
momento, y a otras que lo serían con el tiempo.
En 1987, el encargado de entrevistar fue mi amigo Raúl Salamero. Raúl es
posiblemente una de las personas que más sabe de ciclismo en España; desde luego
no sale en revistas ni emisoras de radio, pero es una fuente inagotable de
conocimientos sobre ciclismo.
Ese año tuvimos la fortuna de entrevistar a Miguel Indurain. Para situarnos, en
el momento de la entrevista, Indurain tenía en su palmarés el Tour de la CEE y
la Vuelta a Murcia, y había sido líder de la Vuelta a España. Pero sus grandes
victorias todavía no habían llegado. 
Este es un resumen de la entrevista:
RAUL: Qué tal, cómo te encuentras?
INDURAIN: Bueno, ahora estamos bien, antes de empezar estamos estupendamente.
R: Tienes pensado el calendario a seguir?
I: Bueno, sí, más o menos, depende de luego como estés, pues sí tengo un poco
pensado el calendario, no corro en Valencia, corro en Murcia y luego Semana
Catalana, luego ya las clásicas aquí en España: País Vasco... clásicas
extranjeras y luego de todo un poco hasta la Vuelta a España.
R: Luego piensas correr las grandes clásicas del extranjero?
I: Bueno, sí, tenemos pensado correr, no todas, sino 3 o 4, no sé qué carreras
concretamente.
R: Hemos leído unas declaraciones de Lemond, afirmando que sólo confía en tí
como posible español futuro ganador del Tour. Qué opinas de estas declaraciones?
I: Bueno, no sé, si ha dicho eso... Yo del Tour no opino nada, porque aún no
estoy, ni mucho menos, hecho para esa gran carrera. Es muy dura, mucho más dura
que cualquier otra carrera y es muy duro aún pensarlo. Dentro de cuatro años, o
tres, pues igual me lo pienso un poco más, pero ahora quizás sea más fácil hacer
buenas cosas en la Vuelta a España o carreras de 4 o 5 días, que es lo que mejor
me va.
P.D.: Efectivamente, a los cuatro años se lo pensó.En 1991 ganó su primer Tour.
extraido de la vida misma ;-)
Bernard Hinault, uno de los mejores ciclistas de todos los tiempos, se
caracterizó por ser el gran patrón del pelotón mientras estuvo en activo.
Unicamente en sus últimos años de profesional tuvo que disputar su supremacía
frente a Fignon y Lemond.
Una
de sus cualidades más importantes fue el conocer las reacciones de sus rivales y
saber actuar en consecuencia. A continuación detallamos algunas de sus tácticas,
explicadas por el propio corredor:
"Si se observa que un adversario peligroso acusa el cansancio y si el terreno se
presta, puede dar buenos resultados el pasar al ataque.
Raras veces llevo un plan preparado de antemano. Las circunstancias deciden,
basándome en mis observaciones. Por ejemplo, en el Giro de Lombardía de 1979,
que gané, me sentí muy pronto molesto por los empujoncitos que uno de mis
principales rivales recibía de sus compañeros de equipo. Me sentía bien y pensé:
"De acuerdo, ya que actúas así, vas a tardar en encontrar de nuevo a tus
compañeros de equipo. Atacaré francamente y no podrán seguirnos. Aquel día
Francesco Moser no estaba en lo mejor de su forma. Cuando ataqué, iba pegado a
mi rueda y no aguantó. Otros cinco corredores se unieron a mí, entre ellos
Bernard Becaas, perteneciente a mi equipo, quien sabía muy bien que no sería
capaz de sobrepasar las cuatro dificultades del final. Por consiguiente, hizo
todo cuanto pudo en el llano y cuando llegamos a la primera subida, me dijo: 'Ciao,
hasta esta tarde'. Mi papel consistía entonces en eliminar a todos los demás.
Muy pronto sólo quedamos cuatro, y acabé con Silvio Contini en mi rueda, tras
haber agotado a los demás mediante un trabajo continuo de zapa. Me había
escapado un poco por capricho, pero después llevé la carrera con gran lucidez."
Fácil, ¿no?
extraído de "Ciclismo con Bernard Hinault" de Bernard Hinault y Claude Genzling. Ediciones Martínez Roca, 1987
Tour de Flandes, 6 de Abril de 1975.
En la primavera de 1975, Eddy Merckx estaba desbocado. Desde principio de
temporada había ganado el Giro de Cerdeña, Milán-San Remo, Amstel Gold Race
(entonces se disputaba más pronto), y Semana Catalana. Y estaba Merckx así
porque su temporada del año anterior no le había satisfecho por completo; claro
que había ganado el Tour, el Giro y el Campeonato del Mundo, pero su tajada en
la
s
clásicas no había sido la habitual.
De manera que en la salida del Tour de Flandes le había dicho a su abuelo:
"Quizás no habrá 10' entre el vencedor y el pelotón, pero la diferencia será
grande". Por supuesto, Eddy no podía pensar en un vencedor que no fuera él.
El Kwaremont es uno de los "muros" o "bergs" que salpican el recorrido de la
clásica flamenca. La distancia hasta meta era de 104 km., pero allí fue donde
Merckx lanzó un ataque irresistible. Sólo Frans Verbeek consiguió acelerar lo
suficiente para colocarse a su rueda.
Verbeek era un buen corredor de clásicas, aunque no consiguió demasiadas
victorias. Entre 1965 y 1976 hizo segundo en quince ocasiones, cinco de ellas
detrás de Merckx, pero también venció 2 Het Volk, 1 Flecha Valona y 1 Campeonato
de Bélgica (esta vez por delante del "Caníbal").
Verbeek cuenta: "Intentaba darle relevos de vez en cuando. Hacía lo que podía,
pero no podía mucho...No hablábamos mucho, con Eddy no se habla mucho, y él no
pedía nada. Después de 10 km. comprendí que quería llegar hasta el final así,
pero yo no sabía si podría seguir con él."
Por detrás, Maertens, Pollentier y Demeyer intentaban dar caza. En el Kruisberg,
la diferencia respecto a un pelotón de 31 corredores era de 45"; después de 35
km de caza sólo quedaban 15; en el Varenberg, a 65 km de meta, 9. Fue entonces
cuando las diferencias aumentaron.
Cuenta Verbeek: "En el Gramont, yo no veía nada, pensaba que tenía algo en los
ojos y llamé a mi director para pedirle un pañuelo...pero no tenía nada, no veía
porque estaba fundido. En el Bosberg, la última subida, tenía miedo de quedarme,
estaba muy mal...creo que Merckx tuvo compasión y se retuvo para no dejarme."
Pero la compasión tiene sus límites y a 5 km de meta, Merckx atacó para llegar
en solitario. Verbeek finalizó 30" más tarde y Demeyer, tercero, a 5' 2".
Verbeeek declara: "...estoy feliz por esta segunda plaza. He sido segundo detrás
de un gran Merckx... Rodaba siempre con dos dientes menos que yo. He visto más
que nada su tubular trasero: un Clément." Extraído de la
web:
http://personal3.iddeo.es/ferpuig/ciclismo.htm












