logotipo

img_google
 
 
 
El tarot pudo haber nacido en Persia o Egipto, junto con la civilización, hace unos seis mil años, en forma de láminas representativas que enseñaban a los monjes, consejeros y jerarcas, un sistema alfabético y la descripción de los campos vitales y espirituales de aquellas épocas, que por cierto no han variado mucho.
Pero la realidad es que nadie sabe de donde ha nacido ni que pueblo o persona lo ha inventado.
Algunos lo adjudican a la cultura egipcia, otros a la cultura persa y muchos otros a la cultura hebrea. Pero no existe ninguna prueba documental que sustente estas teorías.
De cualquier manera, y en base a los valores espirituales, astrológicos y terrenales que ostenta, solo pudo haber nacido, en el caso que sea realmente antiguo, en Persia, bajo el pensamiento filosófico de la religión mazdeísta, es decir, bajo la Zaratustra, sobre el siglo V a.d.C.

Inicialmente el Tarot estaba formado por 22 cartas, o Arcanos Mayores, y las muestras más antiguas que existen, en láminas de madera, pertenecen a la Europa medieval.
Después, entre el Medievo y el Renacimiento, se le incorporaron 12 cartas representativas de los personajes de las cortes, reyes, caballeros y pajes, junto a otras 36 cartas, representativas de los oficios, las guerras, las diversiones y las aspiraciones del pueblo llano, y que servían originalmente para jugar.
Es decir, que a los 22 Arcanos Mayores se incorporan los 48 Arcanos Menores, que podemos ver en la baraja española.
Un poco más adelante, en Francia o Italia presumiblemente, se añadieron 4 reinas y 4 dieces, para añadir el elemento femenino y el enlace entre la corte y el pueblo llano en el juego de azar y el juego de la adivinación.
De esta forma, los Arcanos Menores llegaron a ser 56 y desde el Renacimiento hasta nuestros días, el Tarot que conocemos, se mantiene prácticamente igual.

 

 
 
 
 
volver