Disclaimers:
Los personajes de “Xena, Gabrielle”, Autolycus, Argos, pertenecen a
Reinaisse Pictures MCA/Universal, ejem, menos el Dios Apolo, ni Hebe que
pertenecen a la literatura universal, la situación, Geneva y los reinos son
inventos míos. (que locura ¿no?)
Aviso:
Este fanfic es realmente el primer
fanfic que empecé a escribír los otros dos a saber( donde la fantasía y
la realidad se unan ese seria el tercero que se me ocurrió escribir y el de
por ti volvería el tiempo atrás es el cuarto)¿ no les ha pasado que
cuando tienen una idea, de repente les surge otra y tienen que escribirla
también? Se aceptan, comentarios, criticas (aunque sean muy duras) y
sugerencias, a la siguiente dirección antaresmx@yahoo.com.mx
Advertencia:
En este fanfic se narran escenas de amor entre dos personas adultas
pertenecientes al mismo sexo, si eres menor de edad, o te sientes herido
(a), asustado (a), molesto (a), etc, etc, etc, por este tipo de relaciones,
mejor ni lo leas, es más ¿qué haces aquí, anda a ver pokemón, a
escuchar a Brenda Esparza o que sé yo. Je,je.
Sin
mas preámbulos:
XENA
TÚ ERES MI DESTINO.
Por: Sheila Segovia.
CAPITULO I
Pensamientos
-
¿Crees que soy bonita?
La
pregunta de Gabrielle destanteo a Xena.
-
¿A que viene eso?- pregunto Xena incorporándose un poco.
-
A nada, es...solo una pregunta- dijo Gabrielle que se encontraba sentada con
la mirada puesta sobre la fogata.
-
Mmm, sí, sí lo eres, ahora duérmete que mañana nos tenemos que ir
temprano- le dijo, al mismo tiempo que se volvía a acostar, dándole la
espalda a Gabrielle. - "y no sabes cuanto"- pensó Xena.
-
"Vaya creí que me diría algo más- pensó Gabrielle- pero...claro lo
olvidaba...ella es Xena, la princesa Guerrera...mi...mejor...amiga...no lo
olvides nunca Gabrielle...Xena es...tu mejor...amiga- Gabrielle se acostó
colocando las manos bajo su cabeza, observó el cielo y comenzó a contar
las estrellas en su mente...
"una...dos...tres...cuatro...cinco...seis...siete...- volvió a un lado
la cabeza y vio la figura de Xena, tras unos instantes fijo de nuevo la
mirada al cielo-...ocho...nueve...- prosiguió - diez...once...doce...-
volvió a mirar a Xena quien parecía estar durmiendo tranquilamente. Las
cejas de Gabrielle se arquearon - "¡Se acabo!- siguió pensando-¿Cómo
es posible que yo este deshaciéndome de amor por ella, mientras Xena esta
tan tranquila?. ¡ En definitiva se acabo!, o hago todo lo posible porque me
ame como yo a ella...o...o...¡o me voy de su lado!... Porque ya no puedo más"-
se volvió sobre su costado izquierdo y trato de dormir.
-
"Me pregunto qué le pasara a Gabrielle- pensó Xena- hace días que la
noto extraña, ¿Será que nos hemos dedicado tanto a viajar que ya se ha
cansado de estar conmigo?... No, no, no, espero que no sea así no sé
porque pero no me sentiría bien si ella me dejara, ¿qué es lo que siento?
¿qué?, en dado caso en la próxima aldea a que lleguemos nos quedaremos
unos días, y aprovechando que tenemos suficiente dinero le diré que compre
lo que ella desee. - Se imagino la cara de felicidad que haría su Bardo al
saber de la noticia, y sonrió... de golpe recordó de nuevo la pregunta que
Gabrielle le había hecho. - <¿Crees que soy bonita?> - Xena se
ruborizó, al recordar las pocas ocasiones en que había podido ver a
Gabrielle casi, casi desnuda, al darse cuenta de que se había apenado con
esos pensamientos Xena se regaño a sí misma - "¡pero que rayos estoy
pensando!, Gabrielle es mi mejor amiga, mi mejor...amiga, así que saca de
ti estos pensamientos, no quiero llegar a lastimar su inocencia, ni nuestra
amistad" - se repitió esto una y otra vez hasta que lo aceptó.
Haciendo un soberano esfuerzo, logro conciliar el sueño.
A
la mañana siguiente, Gabrielle se despertó antes que Xena, algo inusual
realmente, pero ya estaba bien despierta, así que decidió ir al lago que
se encontraba a unos cuantos metros de donde habían colocado el campamento.
El clima estaba templado, el cielo estaba matizado con nubes grises y
blancas que se movían lentamente, los pájaros estaban ya activos buscando
que comer y cogiendo cuanta yerbita y ramita encontraran para sus nidos,
Gabrielle se acerco a la orilla del lago, se inclino y lavo su cara, el agua
estaba realmente fría, lo que la hizo sentir muy bien, seco su rostro y miró
a los alrededores admirando la belleza de la mañana. Decidió caminar
alrededor del lago, mientras lo hacía empezó a recitar:
Te
contemplo todas las mañanas, todas las tardes, y al anochecer
y
aun así no me canso de admirar tu perfil,
me
encanta ahogar la mirada en el océano de tus ojos,
y
escuchar tu voz, que despierta en mi alma la alegría de la...de la...
Gabrielle
se detuvo al ya no encontrar las palabras que estaba buscando,
inconscientemente volteo hacia el lago y vio a un joven, de largo cabello
azul metido dentro del mismo con el agua cubriéndole hasta poco más arriba
de la cadera, el joven le sonrió a Gabrielle, quien se volvió de espaldas
debido a la vergüenza que sintió.
-¡¿Quién
eres tu?! -le grito Gabrielle desde la orilla.
El
joven salió del agua totalmente desnudo y camino hasta donde se encontraba
Gabrielle, se sentó frente de ella sobre una roca, el joven se estiró
dejando ver perfectamente bien todos y cada uno de sus firmes músculos.
Gabrielle se quedo sorprendida ante tal espectáculo, con los ojos bien
abiertos, el rostro plenamente sonrojado y pasmada de la naturalidad con la
que ese joven mostraba su cuerpo.
-
Yo... mi querida Gabrielle, soy...APOLO
-
¡¿Apolo?!- Quieres decir, el ¿Dios Apolo?. El Dios de la Belleza y la
Poesía y la Medicina y...
-Sí
sí sí- le interrumpió, soy ese mismo. - Tomo su ropa y comenzó a
vestirse delante de Gabrielle quien por pudor se dio la vuelta mientras el
Dios terminaba.
-Pero
¿Qué haces aquí?- le interrogo Gabrielle.
-Puedes
mirar, total ya me has visto sin ropa. No entiendo porque tanto pudor. -Gabrielle
se dio la vuelta quedando frente al Alto y Bello Dios. -Bien - Continuo
Apolo- estoy aquí porque necesito de tu ayuda, mi joven Bardo, ah!!, por
cierto debo regresarte algo.-Chasqueo los dedos y al instante Gabrielle
recordó las palabras finales de su recital. "de la vida que ya no es mía"
-¿Qué
fue eso?- le preguntó Gabrielle.
-Oh,
eso mi pequeña bardo fue simplemente tu inspiración.
-¿Mi
inspiración?, ¿Qué, qué me habías hecho? -Le pregunto desconfiada.
-Nada
solo te la retire un momento, sino te hubieras pasado de largo recitando y
recitando y ni siquiera te habrías vuelto para mirarme.
-Aah!!
ya veo... dijiste que necesitabas mi ayuda, ¿por qué debería ayudarte?-
Le dijo Gabrielle mientras se sentaba a la orilla del lago.
-Bueno
pues porque yo puedo ayudarte a que... Xena... sea... tuya. - Poso sus manos
sobre los hombros de Gabrielle
-¿A
que te refieres?- se sonrojo la joven Bardo ante tal insinuación.
-¡Vamos
Gabrielle! Te olvidas de quien soy, soy el Dios Apolo, y yo lo sé todo. -
Soltó una pequeña carcajada, sentándose junto a Gabrielle.
-¡Vaya!
Creí, que la que lo sabía todo era Atena.- soltó una pequeña risita al
ver que el Dios se ofendía.
-¡
Por supuesto que NO, esa amargada lo sabrá todo pero ja, pregúntale del
amor ¿y qué sabe?, ja, te diré lo que sabe...NADA, no sabe NADA sobre el
amor, es por eso que nunca nadie le ha hecho caso.
-¿En
verdad?- pregunto Gabrielle con duda- según sé ella a hecho un voto de
castidad.
-Pamplinas
- se levanto el Dios - eso lo dice porque nadie se fija en ella. Pero en
fin, basta de hablar de esa aburrida. Lo que te quiero proponer es un trato
justo para ti y para mí en el cual ambos saldremos beneficiados.
-Mmmm
¿y cual es ese trato?- Le pregunto Gabrielle mientras se levantaba.
-Muy
sencillo tu me ayudas a recuperar el rubí de la vida y yo te ayudo a que
Xena se enamore de ti, ¿Qué dices?- Le lanzó una enigmática sonrisa a la
joven bardo la cual se ruborizo.
-Mmm,
no no creo poder ayudarte.
-¡¿Qué?!,
Pero porque no, ¡¿es que no deseas que Xena te ame como tú a ella?! -le
miró sorprendido el Dios.
-Bueno
sí, pero, pero Xena me ha dicho que no confíe en los dioses y además ¿cómo
sabes que estoy enamorada de ella?.
-Mira
Gabrielle para empezar soy un Dios y muy apuesto si me permites decirlo y sé
cosas que los demás no saben y la verdad sé que estas enamorada de Xena
porque Ares te tiene en muy alta rivalidad je,je, en amores claro y eres
demasiado obvia cuando ella no te esta viendo le lanzas unas miradas que la
miel se que queda corta, ja,ja, ja,ja, - se acerco a ella tomándola del
brazo y encaminándose hacia el campamento en donde se encontraba Xena aún
durmiendo- que te parece si lo hacemos de la siguiente forma, yo te enseño
como conquistar a Xena y hasta que la tengas para ti, tu me ayudas a
conseguir ese rubí ¿te parece más justo?.
-No,
no lo sé - le dijo Gabrielle aún con desconfianza- pero dime ¿porque
necesitas de mi ayuda si tú eres un Dios y puedes conseguir lo que desees?
-Bien,
te diré, el castillo tiene un hechizo por el cual ningún Dios puede
acceder a él ya que será enviado a una dimensión de la cual jamás podrá
salir. Intente hacerlo una vez yo solo pero un poco más y no salgo con
vida.
-¿Tan
importante es ese rubí para ti?- Gabrielle levantó la vista para ver al
Hermoso Apolo.
-Sí,
lo es - su actitud se volvió más seria - con el podré volver a la vida a
Dafne, el amor de mi vida. Dime Gabrielle ¿Aceptas, o no?- le dijo
seriamente Apolo.
-Gabrielle
miró a Xena, tan tranquila en sus sueños, tan hermosa, tan...tan todo, que
sin pensarlo:
-De
acuerdo acepto - extendió la mano a Apolo y este feliz sonrió.
-Hecho
esta, bien es hora de que nuestra bella durmiente, despierte.- Morfeo ¿puedes
hacerme el favor?- Xena abrió los ojos lentamente. - Actúa con
naturalidad, mi pequeña Bardo.
-Sí
claro que sí. - le respondió sin mirarlo.
-¿A
quien le hablas Gabrielle?, -le preguntó Xena volteando hacia todos lados.
-Yo...yyo,
bueno mira...
-Hey!,
Gabrielle, no te apures ella no puede verme y por ende tampoco oírme.
-Ahh,
ya veo.
-¿Ves
qué?- le pregunto Xena ya levantada.
-No,
nada. - sonrió
-De
acuerdo pero aun no me has respondido ¿a quien le hablabas?
-Huuy,
eso suena a ce...los, je,je.- le dijo Apolo sonriente.
-¡Quieres
callarte! - se enfado Gabrielle.
-Hee?-
Xena le lanzó esa mirada tan suya- No te preguntaré más.
-No,
no, no era a ti, oh, discúlpame. Es solo que estoy... estoy...creando una
obra, sí una obra y...se me vino a la mente una escena, con... con esa
frase...eso es todo.- se esforzó por sonreír.
-Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja-
Apolo rió estrepitosamente ante los agobios de la pequeña bardo.
-Mmmm-
dijo Xena, Gabrielle sabía que eso significaba "NO TE CREO", pero
no podía decir más. - Porque no preparas el fuego, mientras yo voy a
pescar algo - le dijo a Gabrielle, encaminándose al lago.
-Sí
claro - Cuando Xena se hubo ido Gabrielle volteo a ver a Apolo -Tú, tú...
-¿Yo?,¿acaso
tengo la culpa de que no sepas decir mentiras? je,je.
-¡Claro
que sé decir mentiras! - alzó la voz - pero Xena - suspiro - ella me
conoce muy bien y sabe cuando miento, de hecho sabe que le he mentido- bajo
la mirada.
-Vamos,
no te preocupes mi pequeña bardo olvídalo, es mejor comenzar cuanto antes,
te enseñare de una vez la primera lección.
-Será
más tarde, tengo que encender el fuego y levantar las mantas- se encamino
rumbo al bosque.
-Un
momento mi pequeña bardo, olvidas que estas con un Dios - Apolo posa sus
manos sobre sus caderas.
-Oh,
sí lo olvidaba- dijo Gabrielle con tono sarcástico, - ¿Qué debo hacer
postrarme antes de irme?.
-Ja,
ja, muy simpática no me refería a eso, observa - chasqueo los dedos y al
instante la pequeña hoguera empezó a arder y las mantas se doblaron solas.
- Ja, ja, ya esta ¿no crees que soy maravilloso? - se inclino tocando la
punta de su nariz con la de Gabrielle.
-Mmmh,
- lo empujo hacia atrás- si me hubieras dado un poco de tiempo yo también
lo hubiera hecho.
-Bueno
no lo dudo... pero sé que soy maravilloso - le dijo Apolo sonriente.
-Estos
dioses y su vanidad - se llevo la mano a la frente.
-En
fin mi querida bardo, empezaremos por utilizar tu mente para comunicarte
conmigo, así de esa manera me podrás preguntar y decir todo lo que
quieras.
-¿Leerás
mi mente? - pregunto Gabrielle con desconfianza.
-Por
supuesto, no querrás parecer una demente frente a Xena hablándole al aire
¿verdad?.
-No,
por supuesto que no.
-Bien,
entonces probemos, piensa en algo.
-De
acuerdo veamos, "puedes escucharme"- pensó Gabrielle.
-Alto
y claro mi pequeña bardo. Bien, como veras yo no tengo porque comunicarme
contigo mentalmente así que te hablare tan normal como siempre, ¿de
acuerdo?.
-Bien.
-No
mi pequeña bardo con tu mente.
-"Sí".
-Xena
se encontraba meditando el porque ese comportamiento de su pequeña bardo.
-Sin
duda esta enfadada por lo de ayer, tal vez ayer quería hablar y yo la mande
a dormir sin siquiera preguntarle como se sentía. ¡Diantres! ¿Cómo le
pido disculpas? - en ese momento Xena pesco un par de peces grandes. - Bien
con esto podremos tener hasta medio día. - se encamino hacia el campamento,
pensando en como disculparse con Gabrielle.
-En
primer lugar debemos hacer que Xena te desee - le dijo Apolo mientras se
sentaba al lado de la fogata.
-"Y
como lo haremos" - Gabrielle se sentó a un lado de él.
-Fácil,
evitarás cualquier tipo de caricia, roce, acercamiento, etc, etc, etc.
debes darte a desear ¿sabes?.
-¡¿Queee?!,
¿Estas loco? Son tan pocas las oportunidades que tengo para abrazarla o
acariciarla y ¿quieres que evite eso?.
-En
primer lugar ya te dije que me hables con tus pensamientos y en segundo
lugar tu misma has dado en la respuesta, son tan pocas las veces que la
abrazas que te mueres de ganas por hacerlo ¿no es así?. Xena no te abraza
todos los días y eso provoca en ti el deseo de sentirla aunque sea por un
momento no importa que tan breve sea ¿o me equivoco?.
-"Si,
tienes razón" -suspiro.
-Entonces
haremos que ella te desee, je, je, será muy divertido.
-"
Y tu crees que ella realmente pueda llegar a desearme". - le miró de
reojo.
-Por
supuesto, lo veo en su mirada.
-"Muy
bien, me pides un gran sacrificio pero lo haré?".
-Hablando
del tártaro.
Xena
llegó al campamento.
-"Oye"
- Gabrielle le miró molesta.
-Lo
siento es solo una expresión - Apolo le guiño el ojo.
-Encendiste
pronto el fuego -Xena sonrió.
-"Sí".
-Ejem,
Gabrielle, a ella háblale con la voz ¿quieres?.
-¿He?,
Oh si, si no me costo mucho hacerlo.
-En
cuanto terminemos empezaremos la marcha. - Ensarto los pescados en unas
varas y los coloco en el fuego.
-Sí
por supuesto.
-Gabrielle
estaba tan emocionada y nerviosa al mismo tiempo, que ni siquiera converso
durante todo el desayuno, eso realmente incomodó a Xena ya que significaba
que su pequeña bardo estaba realmente furiosa con ella. Pero lo que Xena no
sabía era que Gabrielle había estado cavilando sobre ese asunto propuesto
por Apolo ya que si todo salía bien tendría a su guerrera sino...
-Vamos
mi estimada bardo, todo saldrá bien- Apolo se sentó al lado de Gabrielle
-"¿Tu
crees?"
-¡Claro,
estas con el mejor!
-"Mmm,
eso espero"
Xena
observaba a Gabrielle con preocupación.
-¿Te
sientes bien Gabrielle?
-¿He?,
- Gabrielle volvió el rostro para mirar a Xena- Sí estoy bien- dijo con
voz tranquila pero indiferente.
-El
corazón de Xena se heló ante tal respuesta, ¿qué le había pasado a la
Gabrielle de siempre?, Xena trató de acercarse a ella.
-Vamos
Gabrielle álzate rápido. - le dijo Apolo
-"¿Qué?"
- pregunto Gabrielle sin percatarse de que Xena se acercaba a ella.
Apolo
la tomo del brazo haciendo que se alzará abruptamente. Antes De que Xena
pudiera ponerle un dedo siquiera encima.
-Repite
conmigo Gabrielle.< Es hora de irnos Xena>
-Es
hora de irnos Xena. "¿Me puedes decir que diablos esta pasando?"
- le pregunto al Dios.
-Después,
por ahora te diré que el plan conquistando a Xena a comenzado.
CAPITULO II
Trazando
un Plan
La
caminata había sido larga pero Gabrielle no mostraba signos de cansancio
por el contrario Xena la veía fresca y descansada, Xena iba montada en Argo
y Gabrielle caminaba un poco más atrás de lo de costumbre, y además
Gabrielle no había dicho ni una sola palabra más desde que empezaron la
marcha. Bueno eso era lo que Xena pensaba.
-"Así
que ella decidió convertirse en laurel, antes que condescender
contigo"
-Si
así es, es por eso que necesito ese rubí para volverla a la vida, créeme
que jamás he amado a nadie como la amo a ella. Es por eso que sé como
sientes respecto a Xena, es horrible que alguien a quien tu amas no te
corresponda de la misma forma. ¿Otra uva?.
-"Sí,
gracias empezaba a cansarme"- el Dios coloca la uva en la boca de
Gabrielle.
-Descuida,
como ya te has dado cuenta basta comer una sola uva para que las fuerzas te
retornen, y para seguir con nuestro plan es necesario que lleguemos al
siguiente reino lo más pronto posible.
-"Aún
no me has dicho en que consta ese plan"
-Descuida
cuando llegue el momento lo sabrás.
-Por
el momento me parece que Argo esta cansada así que disimuladamente dale
esta uva en la boca ¿quieres?. Lo haría yo pero los animales siempre
sienten a los Dioses y no quiero que Xena sospeche algo.
-"Sí,
enseguida regreso". - Gabrielle se encamino hacia Argo, con toda la
naturalidad del mundo se acerco a su cabeza, estiro su mano quedando esta en
el hocico de Argo a quien el olor de la uva le hizo sacar la lengua y
comerla. Gabrielle acaricio a Argo y volvió a su sitio, Xena la miró de
reojo, detuvo la marcha de Argo y desmonto, en ese momento Apolo empujo a
Gabrielle haciendo que la bardo estuviera a punto de caerse de no ser porque
Xena la sostuvo envolviendo sus fuertes brazos alrededor del cuerpo de
Gabrielle.
-¡Porque
diablos hiciste eso! - Gabrielle se separo rápidamente del abrazo de Xena.
-¡Discúlpame
no sabía que querías abrazar al suelo!, ¿Qué es lo que te pasa Gabrielle?
- Xena la sostuvo de los hombros haciéndola mirarla a los ojos.
-Nada,
no, no me pasa nada, lo siento, es mejor que continuemos la marcha. "Y
tu será mejor que me expliques esto" - volteo a ver a Apolo
disimuladamente.
-¿Estas
segura? - pregunto Xena
-Sí.
- dijo Gabrielle secamente.
Xena
tomo a Gabrielle de la cintura montándola ágilmente sobre Argo.
-Has
de estar cansada de tanto caminar.
Sin
decir más Xena tomo a Argo de la rienda y empezó la marcha de nuevo.
Gabrielle contempló a Xena, su fuerte espalda la cual tantas veces la había
protegido, su cabello negro como la noche, sus piernas fuertes y ágiles
prestas siempre a correr en su ayuda cada vez que se halla en peligro,
Gabrielle se embeleso viendo a su preciosa guerrera y pensar que hace unos
minutos la había tenido fuertemente agarrada en sus brazos.
-"Que
tonta debí haber disfrutado ese hermoso abrazo en vez de haberme
enfadado"
-Descuida
mi pequeña amiga ya habrá otras ocasiones te lo aseguro - Apolo voló al
lado de Gabrielle.
-"Y
bien ¿cuál es tu excusa para haberme aventado?"
-Bueno
simplemente le di a Xena un poco de miel - Apolo se recostó en el aire boca
arriba con las manos bajo su cabeza.
-"¿A
qué te refieres Apolo?"
-A
que en todo el día no le has dirigido la palabra es como si este día ella
no existiera en tu vida, y por la actitud que esta tomando yo diría que
esta enamorada de ti y solo hay una manera de saberlo con seguridad - le
dijo Apolo mientras le guiñaba un ojo.
-"¿Preguntándole?"
- dijo Gabrielle mientras esbozaba una suave sonrisa.
-
Claro que no mi estimada Bardo, ella lo negaría, es mejor saberlo a mi
manera y te aseguro que ella será la que te diga sus sentimientos hacia a
ti.
-
"Si no hay otro remedio lo haremos a tu manera"
Xena
cavilaba sobre la actitud de Gabrielle, no entendía el porque esa actitud
de su pequeña bardo, de cualquier manera en la mañana habían tenido una
pequeña discusión y estaba dispuesta a disculparse así que...
-Gabrielle
- dijo Xena con voz suave mientras detenía a Argo.
-¿Que
sucede Xena? - Gabrielle le miró con extrañeza.
-Bueno
solo...solo... –pesó-"Demonios esto no me esta resultando fácil,
bueno ya, lo diré rápidamente y me olvidare del asunto"- solo quiero
decirte que lamento mucho la discusión que tuvimos en la mañana no quise
molestarte y ...además quiero que sepas que en la próxima aldea a la que
lleguemos puedes comprar lo que quieras tenemos suficiente dinero, ¿de
acuerdo?.
Gabrielle
estaba tan sorprendida que solo acertó a asentar con la cabeza, Xena se
volvió dándole de nuevo la espalda y prosiguieron la marcha.
-
"Vaya no sé ni que pensar" - le dijo Gabrielle al Dios.
-
Solo piensa que entre más rápido lleguemos a nuestro destino más pronto
la tendrás, ¿de acuerdo?
-
"Sí por supuesto", "Dime Apolo ¿cuánto falta para
llegar?"
-
Mmm, calculo que llegaran al caer el sol, si es que Xena no se detiene en el
camino. Por lo que debo de irme de una vez para preparar el resto de mi
plan, pero antes te lo diré ¿de acuerdo?.
-
"Sí, claro que sí"
-
Bien, pon mucha atención, en cuanto lleguen al reinado del rey Dartylus, se
dirigirán a la posada del viejo Grutyfoor, en ese lugar......
CAPITULO
III
¿Celos Xena?
Después
de la marcha de Apolo, Gabrielle siguió en silencio, cavilaba una y otra
vez en el plan de Apolo, por una parte estaba segura de que daría
resultado, pero ¿y si no funcionaba?, ¿y si se daba cuenta de que Xena
solo la amaba como a una hermana?, ¿y si?... ¡Bueno ya es suficiente! pensó
la bardo, lo que fuese que sucediera tendría que enfrentarlo, aunque no se
sintiera tan a gusto con ese pensamiento. Para Xena la actitud de su bardo,
seguía siendo motivo de preocupación, trato de entablar comunicación con
Gabrielle.
-
¿Por qué no me cuentas una de tus historias?
-
¿He?
-
Una de tus historias...cuéntame alguna - Le dijo Xena sin voltear a verla.
-
Lo siento Xena pero no tengo ganas en este momento.
La
sangre de la guerrera se heló, no podía creer lo que estaba escuchando, ¡Gabrielle
sin ganas de contar sus historias!, No eso no era posible, ante tal
comentario dedujo que seguía enfadada. Pasaron horas de angustiante
silencio para la guerrera. Bien si no iba a tener respuesta de parte de
Gabrielle al hablar, por lo menos la sentiría cerca de su cuerpo. Detuvo la
marcha de Argo y monto Gabrielle queda detrás de ella. Cabalgaron un rato
así, pero...
-
Gabrielle, ¿en qué quedamos? - Apolo se comunica con ella, aunque no este
presente físicamente.
-
¿Qué?
-
No he dicho nada - dijo la guerrera.
-
Por mí divinidad Gabrielle, te dije que me hables con el pensamiento.
-
"Sí, sí, lo siento"
-
baja del caballo
-
"yegua"
-
No me importa lo que sea, quieres arruinar nuestro plan.
-
"No".
-
Bueno ¿entonces?
-
"De acuerdo" - pensó molesta la bardo - Xena, si no te importa me
gustaría bajar. – dijo seria y fríamente.
La
guerrera no dijo nada solo detuvo a Argo, y la dejo descender. Gabrielle
comenzó a caminar, pero Xena se quedo quieta viéndole avanzar.
-
¿Ocurre algo Xena? - dijo Gabrielle volviéndose a ver a su amada.
-
No, no ocurre nada - dijo la guerrera y siguieron la marcha.
Hasta
ese momento Xena se dio cuenta de la necesidad tan imperiosa que sentía de
tener a su bardo cerca de ella, le surgió un deseo incontenible por
abrazarla, besarla, por hacerla suya... pero eso era imposible, Gabrielle
era su amiga, solo eso, su amiga... el resto del camino fue precedido por un
silencio espantoso de parte de ambas... faltaba poco para el anochecer
cuando a lo lejos Xena diviso la entrada de una aldea, bien, bien ese seria
el lugar perfecto para contentar a su bardo, tendría que lograrlo no
importara como pero tendría que lograrlo. Xena desmonto de Argo y se
apresuro a tomar a Gabrielle por la cintura, el solo contacto le produjo a
Xena una incontrolable ansia por abrazar a la bardo, cosa que claro no hizo,
si así Gabrielle no quería tocarla, ahora si de golpe la abrazara talvés
hasta se iría de su lado y eso era algo que Xena no deseaba en absoluto. Así
fue entonces que la monto de nuevo sobre Argo, tomo las riendas y se
encamino rumbo a la aldea sin decir palabra alguna, el rostro de Xena se
encontraba realmente sonrojado y es que en verdad se emociono al tomar a la
bardo por la cintura, Gabrielle le miraba extrañada.
-
He, creo que por lo menos podrás descansar un poco antes de llegar a la
aldea, me imagino que tanto caminar te ha de tener exhausta.
-
La bardo se sonrojo ante el comentario debido a que en su mano aún tenia 5
uvas de las 10 que le dejo Apolo.
-
Sí un poco cansada, je, - es lo único que dijo la bardo.
-
Muy bien en cuanto lleguemos buscaremos donde alojarnos, te pediré un buen
baño, cenaras bien y descansaras todo lo que quieras.
-
Sí como quieras, pero no te preocupes déjame a mí encontrar alojamiento
¿quieres?.
-
Si tu lo deseas claro que sí, podrás hacer todo lo que quieras.
Minutos
más tarde se encontraban dentro de la aldea, a la bardo le impresiono ver
no muy lejos de ahí un castillo fuertemente armado, era grande y tenia una
gran peculiaridad era totalmente negro, sus altas murallas solo eran
sobrepasadas por sus seis torres que alcanzaban a rozar las nubes del cielo,
Gabrielle nunca había visto algo semejante cosa que noto enseguida Xena.
-
"Bien, bien es el momento perfecto - piensa la guerrera - te gustan las
historias ¿verdad Gabrielle? pues te contare una y por fin tendré algo de
tu atención" - ¿Sabes Gabrielle? ese castillo contiene algo muy
preciado para los dioses.
-
Lo sé - dice Gabrielle secamente.
-
¿Qué?, ¿Pero como es que tu...? – Xena es interrumpida por una jovial
voz.
-
Hola sean bienvenidas a esta pequeña y modesta aldea - un chico como de 15
inviernos se presenta ante Xena y Gabrielle. - me imagino que buscan donde
alojarse ¿cierto?.- Aja - le dice una desconfiada Xena.
-
Pues bien en la posada del viejo Grutyfoor podrán disfrutar de baños con
agua caliente, una buena cena y lo mejor de todo camas realmente limpias ¿que
les parece? - el chico esboza una gran sonrisa.
-
Eso suena algo caro - le dice Xena.
-
¡Vamos! ¡por favor es todo lo contrario! somos justos solo cobramos lo
indispensable - sonríe el chico dejando ver sus blancos y relucientes
dientes. - les escribiré el precio y ustedes decidirán - el chico toma un
trozo viejo de pergamino escribe sobre el, después se lo entrega a Xena.
-
Estas bromeando hemos estado en peores posadas por este mismo precio.
-
Lo imagino, pero la diferencia es que nosotros no engañamos a la gente, si
gustan seguirme, le indicare el lugar.
-
Sí esta bien. - dice Xena contenta, por supuesto que no deja que se le
note.
-
"¿qué te pareció?, ¿A caso no soy un experto?."
-
¿Qué? - dice Gabrielle extrañada.
-
No he dicho nada Gabrielle - le responde Xena mirando contenta a su bardo.
-
"Hey Gabrielle soy yo Apolo, tome la forma de un chico eso es todo esta
es la mejor parte".- le dice Apolo mentalmente, sonriente mirando
distraídamente a Gabrielle.
-
"Oye no se suponía que yo tendría que ir a la posada de Grutyfoor"
-
Así es mi querida Gabrielle pero recordé que si quieres hacer bien las
cosas las debe hacer uno mismo, no te ofendas, je,je.- le dice Apolo. - Ah,
por cierto en cuento lleguemos a la posada te presentare con Hebe.
-
¿Hebe?, - ¿acaso no es la diosa de la juventud y del vigor viril?
-
“Aja - le dice Apolo - le he logrado convencer ¿sabes?, así que ella me
ayudara, desde el primer momento te pretenderá así que por favor síguele
el juego ¿de acuerdo?”.
-"Sí
esta bien" – dice Gabrielle pensativa
-
“Por cierto ella también se ha disfrazado, es muy linda ya la veras.”
-
"Créeme eso no me interesa, lo que realmente me interesa esta caminado
delante de mí" - sin querer Gabrielle suspira y Xena se da cuenta.
-
Descuida Gabrielle podrás descansar todo lo que quieras - le dice Xena
regalándole una bonita sonrisa, la cual hace a Gabrielle volar por los
cielos.
A
pocos metros de ahí.
-
Vaya ¿cómo es que permití que Apolo me convenciera de esto?, bien lo único
que espero es que por lo menos esa chica sea un poco agradable. - decía una
linda joven como de la edad de Gabrielle de cabellos rojos, ojos melancólicos
color miel, su rostro rayaba casi en la perfección.
-
Hola Helen, he traído nuevas huéspedes. - dijo Apolo al tiempo que entraba
junto con Xena y Gabrielle. - se amable y atiéndelas ¿quieres?.
-
Puedo hablar contigo Daricus - le dijo al tiempo que tomaba a su hermano por
la manga y lo llevaba a un rincón.
-
Estas diciendo que yo la diosa de la juventud tiene que atender a esas
mortales ¿estas loco o qué?.
-
Escúchame bien Hebe te daré uno de mis rizos y tu sabes que con el le podrás
pedir a Zeus lo que quieras así que si aun quieres que te lo de tendrás
que seguir mi plan ahora ve allá se amable y empieza por mirar tiernamente
a Gabrielle ¿quieres?. - la mirada de Apolo se vio endurecida a lo cual
Hebe acepto sin renuencia, no era bueno hacer enojar a Apolo y ella lo sabía
muy bien.
-
Hebe se acerco a las huéspedes y se presentó.
-
Hola mi nombre es Helen y les atenderé en lo que gusten, por favor síganme
las llevaré a sus habitaciones.
-
Con una bastará. " ¿qué es esto que siento?, - piensa Xena – tengo
la sensación de que un dios esta por aquí cerca.. pero no... no se siente
como Ares... ¿entonces quien?"...
-
Xena preferiría que cada quien tuviera la suya si no te importa. - le dijo
secamente Gabrielle mientras esquivaba la mirada de la guerrera.
-
Si es lo que quieres Gabrielle así será - dijo un poco triste Xena.
-
Muy bien por aquí por favor - les indico Hebe.
-
Tras subir las escaleras de madera llegaron a un primer piso, las
habitaciones quedarían una frente a la otra.
-
Muy bien esas son sus habitaciones cualquier cosa que se les ofrezca pueden
pedírmelo.
-
Me gustaría tomar un baño
-
Claro que si enseguida te lo prepararé - le dijo Hebe al tiempo que le
brindaba una cálida y dulce sonrisa que Gabrielle correspondió.
A
Xena eso no le gusto en absoluto ¿cómo era posible que a una extraña
desconocida le sonriera y a ella la tratara tan fríamente? Esta bien Xena
sabia que Gabrielle era muy afectuosa con otras personas y hasta hace poco
también con ella pero ¿por qué ese cambio de actitud?.. enfadada no dijo
nada y se metió a su cuarto.
-
Ven entra - le dijo en voz baja Hebe a Gabrielle mientras la conducía
dentro de la habitación.
-
Vaya ahora si que Xena se enfado - dice Gabrielle un poco triste.
-
Mmm, si ya le he visto, así que tú eres la mortal por la cual yo estoy aquí.
-
Si, mi nombre es Gabrielle, tu debes ser Hebe la Diosa de la Juventud.
-
Si así es... Espero que el plan de mi hermano funcione. Tengo asuntos que
arreglar. A ver querías tomar un baño ¿cierto?... muy bien deja
prepararlo. - en ese momento Hebe hizo aparecer una bañera, y con un
movimiento de la mano logró que las ropas de Gabrielle cayeran al suelo. -
mmm no estas mal después de todo, eres muy linda ¿sabias?.. y ahora al
agua.
Hebe
levitó a Gabrielle sobre el agua y la dejo caer. Soltando la diosa una
pequeña risita ante el enfado de la bardo.
-
Que graciosa... – le dice Gabrielle molesta.
-
Oh, vamos ¿es qué no tienes sentido del humor? - le dice Hebe riendo aún.
-
Olvídalo nunca entenderé a los dioses - dice Gabrielle mientras se relaja
dentro del agua.
A
Hebe le gusta le expresión de enfado de Gabrielle, se acerca a ella y la
mira frente a frente.
-
Eres muy linda ¿lo sabias? - Hebe toma la barbilla de Gabrielle con sus
dedos y deposita sobre sus labios un beso.
-
¿Y eso? - le dice Gabrielle sorprendida.
-
Es solo el antojo de un dios, solo eso, ahora te dejare para que te relajes,
cuando quieras puedes bajar a comer mi hermano se esta encargando de ello.
-
Sí gracias.
-
No es nada, ahora me retiro -Hebe sonrió y al chasquear sus dedos desapreció
en medio de un destello azul celeste.
Mientras
tanto Xena no dejaba de pensar en la extraña actitud de su bardo, una y
otra vez cavilaba sobre el asunto.
-
Muy bien, muy bien - se decía Xena exteriorizando sus pensamientos - veamos
primero me deja de hablar, luego no quiere que ni la toque, y por ultimo
sonríe tan amable con la posadera que...que... rayos...¿qué es lo que le
esta sucediendo a Gabrielle?... y luego esa sensación esa extraña sensación...
es como si un dios estuviera presente pero... no es la esencia de Ares...
entonces de quien...? - el pensamiento de Xena fue interrumpido por el
llamado a su puerta.
-
¿Quién es? - pegunta Xena un tanto enfadada.
-
Soy Daricus, la cena esta servida por favor baje al comedor.
-
Si enseguida iré - dijo Xena mientras abría la puerta encontrándose con
el pequeño muchacho debía tener la estatura de Gabrielle pensó Xena. -
puedes adelantarte Daricus iré por Gabrielle.
-
No, no, no es necesario yo puedo avisarle en serio - le dijo Daricus al
tiempo que esbozaba una sonrisa un poco nerviosa.
-
Ya te he dicho que iré yo - Xena intento abrir la puerta pero Apolo la
cerro por dentro de manera que Xena tuvo que tocar.
-
“Por mí divinidad – piensa angustiado Apolo – si es cierto lo que me
dijo Hebe de que Gabrielle esta bañándose en una de las bañeras de su
templo...lo siento Gabrielle”. - Apolo chasquea los dedos y al instante la
bañera desaparece y Gabrielle fue a caer desnuda sobre una silla en el
comedor de la taberna.
-
Pero... pero ¿qué, qué sucede? - pregunta Gabrielle viendo a todos lados.
Deteniendo su mirada en los amielados ojos de Hebe.
-
¿Y esto que significa?, No me lo digas Apolo y sus ideas... pero por lo
menos te hubiera vestido, bien yo me encargare de ello - dijo Hebe mientras
chasqueaba sus dedos
-
Te lo agradecería mucho ¿sabes? - apenas hubo terminada la frase Gabrielle
se miro y se vio puesta su ropa.
-
Muy bien Gabrielle ¿es que no quieres ni contestarme? - pregunto Xena desde
el exterior del cuarto de su bardo.
-
¿sabes? Creo que ya bajó al comedor.
-
Estas seguro?
-
Te podría apostar mi alma a que ahí se encuentra - el chico volvió a su
sonrisa cálida y segura.
-
Muy bien vamos - le dice Xena mientras caminan rumbo a las escaleras.
-
Te agradezco lo de la ropa aunque aun sigo un poco mojada y el top no esta
bien atado - Dijo Gabrielle mientras soltaba un poco las cintas para
amarrarlo.
-
Mmm, ya veo a ver espera - dice Hebe mientras se acerca por la espalda de
Gabrielle – muy bien te secare en un momento – Hebe chasquea sus dedos y
Gabrielle ya esta seca y hasta peinada - yo amarraré tu top - dice mientras
empieza sujetar las cintas, Hebe desliza sus manos con suavidad sobre los
senos de Gabrielle.
-
Hebe ejem, ejm, mmm, ¿podrías quitar tus manos de ahí? - dice Gabrielle
un tanto enfadada
-
Je, sí, sí por supuesto.
En
ese momento antes de que Hebe retirara sus manos de los suaves senos de
Gabrielle Xena y Daricus aparecen y ven la escena. Gabrielle queda sin
habla, Xena abre grandemente los ojos, Daricus sonríe para sus adentros y a
Hebe no le importa nada, solamente termina de atar el top de Gabrielle y se
retira con una cautivadora sonrisa... la dolorida mirada de Xena se posa
sobre los ojos de su bardo, Gabrielle quiere en ese momento que se abra la
tierra y se la trague el tártaro, intenta bajar la vista pero no es capaz
de lograrlo, todo gracias a Apolo, Xena se acerca a la mesa temblando
levemente en su rostro se dibuja un gesto de sufrimiento y celos...
-
¡Muy bien! ¡¿Quién atiende este asqueroso lugar?!
Esa
voz saca a todos de esa escena y voltean hacia la puerta una joven mujer
esta de pie a la entrada de la posada con una rápida mirada examina el
lugar, su rostro esta oculto tras una singular mascara negra que solo le
cubre la boca y nariz, sus ojos se depositan sobre la figura de Xena...
-
¡¿Xena? ¿en verdad eres tu?! - La misteriosa joven se abalanza sobre Xena
y la abraza tiernamente.
-
¿ quien eres tu? - le pregunta Xena separándola un poco de sí.
-
¿ Es qué acaso no me recuerdas? Oh es cierto lo olvide - rápidamente se
quita la mascara, Xena sonrió ante la sorpresa, no tanto Gabrielle.
-
¿Geneva? - pregunto Xena con una sonrisa en los labios.
-
Sí así es Xena soy yo.
-
No puedo creerlo te has convertido en una hermosa jovencita.
-
Oye que soy más mujer que jovencita
Gabrielle
estaba que no se lo podía creer, tanto que se volvió a ver a Apolo, quien
estaba pálido contemplando a Geneva, Gabrielle se dio cuenta de que no solo
la miraba a ella sino que a la vez miraba una extraña espada que Geneva
portaba a un lado de la cintura solo podía ver el mango, que parecía ser
de oro sólido con incrustaciones de piedras preciosas, pero eso no era lo
que llamaba su atención si no la forma que poseía ese mango era idéntico
a un rayo.
-
"Apolo - pensó Gabrielle - Apolo lee mi mente vamos ¿qué te
sucede?.... ¡Apolo!"
-
"¿Qué... qque... Gabrielle?
-
"¿Que te sucede por que estas temblando?" - le pregunta Gabrielle
sin dejar de mirar el estado en el que se encuentra Apolo.
-
Esa mujer... Eeesa espada.... ella es quien me hirió, ella es la, la
guardiana del rubí.
-
"¡¿Qué, estas seguro?!"
-
Sí nunca podría olvidarlo.
-
Aaahhh!, veo que estas acompañada - Geneva miró a Gabrielle con cierto
recelo.
-
Mi nombre es Gabrielle - se levanto encaminándose hacia Xena.
-
Mmmm vaya nombre - Geneva sonrió con malicia.
-
Hey, Xena que te parece si vamos a la taberna y platicamos un rato Geneva
toma la mano de Xena, su dulce mirada invitaba a Xena a seguirla y estar con
ella.
Talvés
era por la actitud de Gabrielle por lo que Xena decidió ir con Geneva.
-
Xena ¿a dónde vas? - Gabrielle sujeto el brazo de Xena con fuerza, mirándola
directamente a los ojos.
-
No creo hacerte falta Gabrielle creo que aquí tienes todo lo que tu
necesitas - le dijo al tiempo que dirigía una mirada a Helen en la que se
entre mezclaba el dolor, los celos y la incertidumbre.
Sin
decirle nada más Xena se encamino junto con Geneva a la salida de la
posada. Una vez que Xena y su acompañante salieron Gabrielle se volvió
para ver a Apolo.
-
¿Qué es lo que esta sucediendo Apolo?
-
Mírame, mírame Gabrielle, yo.... yo... el gran Dios Apolo temiendo de esa
mortal – dice al mismo tiempo que observa sus temblorosas manos.
-
Apolo... – Gabrielle se acerca al Dios lo toma de las manos y lo invita a
sentarse junto a ella – será mejor que me expliques todo desde el
principio – le dice Gabrielle.
Xena
lidio con un par de sujetos dentro de la taberna, con un par de golpes los
dejo fuera de combate, todos miraban horrorizados a Geneva, eso extraño
mucho a Xena, durante la corta pelea de Xena, Geneva había permanecido
sentada mirando divertida a toda la gente del lugar con un aire de
superioridad y orgullo.
-
Eres muy conocida por estos rumbos ¿verdad?, al parecer todos te conocen -
le dijo Xena mientras examinaba el secreto que Geneva escondía tras su
mirada.
-
Tengo que serlo - le dice Geneva con un ligero aire de superioridad y
confianza extrema - soy la...Guardiana del Rubí de la Vida - Geneva sonrió
complacida ante la mirada incrédula de Xena.
-
¿Tu?, ¿Tú?¿Guardiana del rubí de la vida? - Xena sonrió ante ese
comentario.
-
Sí así es soy Geneva Guardiana del Rubí de la Vida.
-
Felicitaciones es un gran trabajo y todo un honor, dado que has recibido la
espada del mismísimo Zeus.
-
Aaaaahhh, no es tanto por el honor si no por la paga, es muy buena ¿sabes?.
-
Ya lo imaginaba - Xena bebe un gran trago de su vino.
-
Uno de los mejores vinos que he probado ¿ no sé tu que opines?.
-
Sí, es de los mejores - Xena se sumerge en sus pensamientos al contemplar
dentro de su tarro el vino rojo oscuro.
-
Mmmm, ¿algún problema Xena? – Geneva la mira atenta.
-
No, no ningún problema - Xena levanta el rostro y sonríe amargamente.
-
Vaya así que problemas del corazón ¿no?.
-
¿Qué? - Xena arquea las cejas mostrando un poco su enfado - ¿por qué
dices ello?.
-
Oooh Xena, me han roto varias veces el corazón, tantas que ya sé como luce
una mujer con el corazón destrozado. Claro que si quieres mi opinión al
respecto, atraviésale el corazón con tu espada como hago yo, créeme te
sentirás mejor. - Geneva sonríe divertida ante la mirada de Xena.
-
Talvés en otro tiempo lo hubiera hecho, pero ahora es diferente. - Xena
mira distraídamente hacia la puerta de la taberna.
-
Realmente has cambiado Xena, has cambiado mucho - Geneva suspira mirando un
poco triste a Xena.
-
Pero creo que ha sido lo mejor ahora ayudo a la gente y eso me hace sentir
bien.
-
Lo dicho alguien te ha echado a perder y apostaría mi espada a que ha sido
esa rubia - dijo en tono molesto.
-
Su nombre es Gabrielle. - dice Xena al tiempo que le lanza una de esas
miradas frías.
-
Heyy, lo siento, esta bien, Gabrielle te ha cambiado ¿verdad? - Geneva bebe
un trago algo molesta.
-Sí
así es Gabrielle me ha cambiado, Gabrielle ... me... ha... cambiado... - la
mirada de Xena refleja una extraña mezcolanza de celos y dolor.
CAPITULO
IV
Tu
Eres Mi Destino
-
Muy bien entonces esa mujer te ataco cuando intentaste robar el rubí de la
vida. - dice Gabrielle tratando de entender el comportamiento de Apolo.
-
Sí así es ella ha sido la que me ha hecho esto - se mira las manos que aun
le tiemblan.
-
Muy bien esto no me lo habías comentado ¿cómo se supone que yo robaría
el rubí de la vida? - dice Gabrielle mirando seriamente a Apolo.
-
Je, bueno claro, claro, que, que te lo iba a comentar ¿sabes?. - Apolo sonríe
nervioso.
-
¿Sí? ¿Cuándo? ¿Una vez que Geneva o como se llame esa tipa se hubiera
presentado ante mí? - Gabrielle menea la cabeza negativamente.
-
Lo sé Gabrielle pero entiende, si te hubiera comentado acerca de ella de
seguro te habrías negado a ayudarme - Apolo le mira pueril y dulcemente.
-
Créeme no me habría opuesto a ayudarte pero por lo menos me habrías dado
armas para enfrentarme a esto, ahora tengo que trazar un nuevo plan. Dime
ese castillo ¿cuenta con muchas puertas y cerrojos?
-
Sí de hecho es todo un laberinto.
-
Lo sabía no debí confiarme de los dioses. Y menos en uno tan vanidoso como
tu.
-
Hey, insinúas que soy un narciso.
-
No, créeme que no por lo menos el se amo tanto asimismo que bueno ya sabes
la historia y ahora no me molestes voy a subir a mi cuarto tengo varias
cosas que hacer. - Gabrielle se levanto sin decir una palabra más.
Una
vez que se hubo ido Hebe se acerco a su hermano.
-
Hey, creo que esta vez te has excedido, no creo que ella sola pueda derrotar
a la guardiana del rubí de la vida.
-
Por favor Hebe, ¿sabes por que la escogí?
-
No, no lo se hermano dímelo tu - Hebe se sentó a su lado.
-
Por que es discípula de Xena, es inteligente y fuerte y si hay alguien que
puede sustraer ese rubí esa es Gabrielle. Confío en que ella lo haga y que
lo haga bien, es mi única esperanza.
-
Solo espero que nada malo le pase, es una buena mortal ¿sabes?. - Hebe sonríe
dulcemente.
-
Sí, eso mismo espero yo.
Horas
más tarde Xena y Geneva salen de la taberna, el humor de Xena se mejoro al
paso de los tarros de vino, iba con la firme decisión de hablar con
Gabrielle y no dejarla en paz hasta que no le dijese el porque de su
actitud, es más incluso usaría sus puntos de presión para hacerla hablar,
necesitaba hablar con ella y lo haría.
-Muy
bien Xena aquí nos separamos, si te quedas unos días por aquí no dudes en
visitarme - con un rápido movimiento, besó fugazmente los labios de Xena.
-Je,
me disculparas por el beso pero siempre tuve ganas de hacerlo, - dijo
mientras se encaminaba rumbo a la plaza principal – aaahh!, lo olvidaba
– se volvió para mirarla de frente – también ya déjate de preocupar
por esa chica Gabrielle pareciera como si estuvieras enamorada de ella, je,
que ocurrencias ¿no? – alzo la mano para despedirse y se fue.
Xena
se quedo de pie estupefacta, un remolino de recuerdos vino a su mente, y en
todos ellos estaba la sonrisa de Gabrielle, su mirada dulce e inocente, sus
te amos, sintió como si un rayo acabara de caerle encima, ella estaba
enamorada de Gabrielle, realmente enamorada, es por eso que le había dolido
tanto la nueva actitud de la bardo hacia ella.
-Dioses
la tuve para mí siempre – se encamino a la posada – ¿Cómo no me di
cuenta antes?..... no, no, no es verdad siempre lo supe, siempre supe que la
amaba, pero no creí ser correspondida, ¿Cómo?, ¿Cómo alguien como ella
podría amarme?, ¿Cómo podría quererme, teniendo un pasado como el que yo
tenía antes de conocerla?..... Gabrielle siempre has estado conmigo,
siempre, me has demostrado tu amor a manos llenas y yo me he permitido
negarlo, cegar mis ojos y no ver en realidad el amor que me ofrecías a
manos llenas, siempre incondicionalmente, puro y libre de egoísmos......
“¿Crees que soy bonita?” – la pregunta de Gabrielle volvió de golpe
a la mente de Xena, esa noche... esa noche... Gabrielle estaba deseando
saber si sentía algo por ella, deseaba saber que era lo que yo pensaba con
respecto a ella, y yo estúpidamente le conteste a la ligera y la mande a
dormir, oh, Gabrielle, lo siento tanto, en verdad lo siento – sin darse
cuenta llego a la entrada de la posada, sin detenerse, subió al cuarto de
Gabrielle, estaba dispuesta a hablar necesitaba hacerlo, de una forma o de
otra, mientras subía siguió pensando en la actitud recientemente adquirida
del bardo – ahora lo entiendo, ella esta tratando de olvidarme, de sacar
ese amor que siente por mí, es por ello que ya no me permite tocarla, por
lo mismo debe ser su interés en Helen, para olvidarme, pero no Gabrielle,
no me olvides, yo, yo te necesito, yo... yo... – Xena de tres zancadas
subió las escaleras, se situó de pie delante de la puerta de Gabrielle,
estaba apunto de llamar cuando un nudo en su garganta y un nerviosismo se
apodero de ella. Se dio media vuelta y entro a su cuarto, una vez dentro
Xena se sentó sobre la cama, miró sus manos que ligeramente temblaban.
-
¿Qué es lo que estoy pensando?, ¿Qué es lo que voy a decirle?, Gabrielle,
me he dado cuanta de que estoy enamorada de ti, y me estoy muriendo de celos
cuando cruzas palabra y mirada con esa posadera. - ¿eso le diré?, mmm, sí
¿porque no?, no, no, tengo que ser más sutil, pero ¿cómo?.
Mientras
Xena se devanaba los sesos pensando en como decirle a su bardo que la amaba,
Gabrielle salió de su cuarto, bajo directo a la cocina, para encontrarse
con Apolo.
-
Muy bien Apolo, ya tengo trazado un plan, pero necesitare ayuda, por lo que
te pido que traigas a Autolycus, el es un experto en cerrojos, y es buen
peleador.
-
Esta bien, lo traeré, y dime, ¿Xena ya regreso?.
-
No, no creo debe seguir en la taberna con su amiguita. – dice con gesto de
molestia.
-
Animo bardo, te aseguro que pronto te demostrara lo que en verdad siente por
ti. Apolo adquirió su forma de Dios.
-
Empiezo a dudarlo, pero de igual forma siempre estaré con ella.
-
Gabrielle – Apolo se acerco a ella, con su mano rozo su rostro con
suavidad mientras le decía – tienes un gran corazón y estoy seguro de
que Xena sabe que la amas, ella también te ama, confía en mí. Anda ve a
descansar yo iré por este amigo tuyo, ¿de acuerdo?.
-
Sí – dijo Gabrielle sonriente.
Apolo
desapareció en medio de una luz plateada.
-
Muy bien será mejor irme a dormir. – Gabrielle se encamino a su cuarto.
-
Muy bien Xena, ¿acaso no eres una gran guerrera?, pues entonces ve por ella
anda – se decía asimisma.
Al
salir Xena del cuarto se encontró con Gabrielle, Xena sintió un leve rubor
cubrir sus mejillas al ver el verde de los ojos de Gabrielle, ahí estaba
esa persona que le había acompañado en tantas aventuras, la niña que se
había vuelto mujer a su lado.
-
Buenas noches Xena – Gabrielle se dio la vuelta y se dispuso a entrar en
su cuarto.
-
Espera – dijo Xena reaccionando rápidamente – espera, necesito hablar
contigo – poso una mano sobre el hombro de Gabrielle.
-
Pasa – le dijo Gabrielle sin voltear a verla.
Ese
era el momento cumbre, le diría a Gabrielle lo que sentía por ella, solo
esperaba que no fuese demasiado tarde.
Xena
cerro detrás de sí la puerta, la bardo se volvió para mirar a la guerrera
de frente.
-
Y bien, ¿ que es lo que deseas hablar conmigo? – le pregunta Gabrielle
secamente.
-
Gabrielle yo, no, no sé como empezar. – Xena desvió la mirada hacia la
ventana.
-
¿Quieres sentarte? – Gabrielle le señalo el borde de la cama. Ante lo
cual Xena se ruborizo.
-
No, estoy bien así.
-
De acuerdo – Gabrielle se sentó al borde de la cama.
Instintivamente
Xena se acerco y se coloco de rodillas frente a Gabrielle, le tomo las
manos, ante esto, la bardo sintió que el rubor le quemaba el rostro. Xena
lo percibió y se sintió más en confianza para revelarle sus verdaderos
sentimientos hacia ella.
-
Gabrielle – dijo Xena mirando a su bardo con infinita ternura – hace
poco me hiciste una pregunta y no te la conteste de la manera como deseaba
hacerlo, así que, te responderé ahora – Gabrielle pienso que eres la
mujer más hermosa de este mundo, eres lo más preciado para mí, no sabes
como te quiero, y aun con el temor que siento de que tu no me ames debo
decirte que te amo con todas las fuerzas de mi ser, que he sido una ciega al
no darme cuenta de tus expresiones de amor hacia mí. Te amo Gabrielle, te
amo. – Xena descanso la cabeza sobre las piernas de su bardo.
-
Xena – Gabrielle acaricio el cabello de su guerrera con delicadeza –
Xena... pensé que no me amabas, que solo me querías como se quiere a una
amiga, pero sabes poco tiempo después de conocerte me di cuenta de que
tu... de que Tu eres mi destino, y no te imaginas lo que yo bendigo a Dios
porque quiso disponerlo así, tu eres mi destino, y no tengo miedo de
afrontar contigo las adversidades en el porvenir, tu eres mi destino,
bendito destino, y si me ofrecieran riquezas y gloria renunciando a ti, sin
vacilaciones yo respondería prefiero la muerte a la gloria inútil de vivir
sin ti.*
-
Gabrielle, mi pequeña Gabrielle – Xena levanto su rostro mirando de
frente a su bardo, quien sonreía, mientras las lágrimas le corrían por
sus mejillas, Xena las tomo con sus dedos llevándoselas a su boca –
Gabrielle tus lágrimas me saben a tristeza y alegría.
-
Xena tu eres mi destino, bendito destino y si me ofrecieran riquezas y
gloria renunciando a ti, sin vacilaciones yo respondería, Prefiero la
muerte a la gloria inútil de vivir sin ti.* – Gabrielle tomo la mano de
Xena, llevándosela a sus labios y besándola repetidas veces.
Xena
se incorporo, Gabrielle le vio sonriente, Xena ayudo a levantar a su bardo
tomándola de sus manos, el cielo ya estaba completamente oscuro, la única
luz era de una lamparilla colocada al lado de la cama de Gabrielle que
iluminaba a medias la habitación, a lo lejos se escuchaba el sonido de una
música muy suave, cadenciosa, que invitaba a ambas a bailar, suavemente
Xena tomo a Gabrielle por el talle, la acerco hacía si tomo su mano y
comenzó a bailar paso a paso, ambas se miraban fijamente, extasiándose en
sus mutuas miradas, Gabrielle tras un momento deposito su cabeza sobre el
pecho de su guerrera, Xena hundió su rostro en el cabello de Gabrielle
aspirando su fragancia, un buen rato estuvieron así, sintiéndose,
absorbiendo ambas el calor emanado de sus cuerpos, tras un rato Xena empezó
a desvestir a Gabrielle poco a poco siguiendo el ritmo de la música,
rozando su piel con extrema delicadeza, besando su cuello con parsimonia,
mirando su cuerpo como si fuera el Tesoro más grande que hubiera poseído
en toda su vida, y ella sabía que eso era cierto, una vez desnuda Gabrielle,
esta se abrazo a Xena alzándose sobre las puntas de sus pies descanso su
boca sobre la de Xena, besándola de forma suave, tranquila, disfrutando
cada movimiento de sus lenguas, saboreando la boca de Xena con extrema
delicadeza, queriendo grabar en su mente su sabor, el aroma de su aliento,
la calidez de su boca, la tersura de sus labios, fue un beso largo, un beso
revelador de cientos de secretos de amor de parte de ambas, un beso único,
su primer beso, con una timidez casi pueril Gabrielle fue soltando la
armadura de Xena, en donde sentía que no podía, Xena le ayudaba, pronto
Xena quedo solo con su vestido de cuero, Gabrielle se asió de la cintura de
la guerrera, cerro los ojos y permitió que Xena besara su rostro, su
frente, sus ojos, sus mejillas color carmesí encendidas por el deseo, beso
sus labios, su barbilla. Tras un instante Xena la tomo entre sus brazos cargándola,
se miraron por un momento, Gabrielle entendió la mirada de Xena, en la cual
le pedía su consentimiento para yacer con ella, Gabrielle le dio su
respuesta al acariciar los labios de su guerrera con las yemas de sus dedos,
Xena recostó a Gabrielle sobre la cama, se deshizo del resto de su ropa,
dejando a la vista su desnudez, la mirada de la bardo se extasió ante
aquella figura a la luz de aquella lamparilla, sus mejillas se encendieron más
intensamente, extendió sus brazos a hacia Xena, quien se dejo llevar ante
el regalo que Gabrielle le daba a manos llenas.
Al
contacto de sus pieles Gabrielle dejo escapar un leve gemido, lleno de
ansiedad.
-
aahh, Xena, mi... mi princesa guerrera. – Gabrielle ladeo su cabeza,
permitiendo a Xena besar y morder suavemente su cuello.
-
Gabrielle... te amo... mmm – Xena bajo su rostro hasta posarlo sobre los
delicados senos de la bardo, atrapo un pezón con su boca, empezó a jugarlo
con su lengua, sintiendo la delicia de su dureza. Xena se entretuvo un buen
rato succionando y acariciando los pezones de Gabrielle, alimentando de esta
manera el deseo de la bardo, quien a medida que Xena le obsequiaba una nueva
caricia, su respiración se aceleraba, Xena fue recorriendo el cuerpo de
Gabrielle entre caricias y besos, tratando de no dejar un solo lugar sin
explorar, sin besar o tocar. Xena subió de nuevo por el cuerpo de su bardo,
miro el rostro de la mujer que amaba, escudriño, cada parte de ese rostro
tantas veces visto por ella, memorizando cada detalle, al grado de que
Gabrielle se sintió tan apenada que sin quererlo cero los ojos y volvió a
un lado su rostro.
-
Mi pequeña Gabrielle, ¿qué sucede? – le pregunto Xena con mucha
dulzura.
-
Yo, no, bueno... es.... es que...
-
Mírame – Xena le tomo el rostro con su mano e hizo que se volviera para
verla.
-
Xena, yo...
-
Sshhh – Xena puso un dedo sobre la boca de su bardo, sonriéndole – Te
amo, solo quiero que sepas eso y que nunca lo olvides, ¿de acuerdo?,
Gabrielle asentó con la cabeza y le sonrió.
No
hubo más palabras, no hubo ninguna explicación, todo lo que había de
decirse se dijo con caricias, miradas y besos, acciones que desembocaron en
su mutua satisfacción, Xena yacía placidamente abrazando a Gabrielle, esta
estaba tan emocionada que no podía conciliar el sueño, al fin logro lo que
deseaba ser una en cuerpo y alma con Xena, sentía ganas de salir corriendo
y gritar a voz en cuello que amaba a Xena más que a nada en la vida, y que
nada la separaría de ella nada absolutamente. De pronto un miedo casi
insoportable la domino, recordó de golpe la promesa hecha a Apolo, ahora
ella debía cumplir con su parte, Xena por fin era suya ahora el rubí de la
vida debía ser sustraído por ella... pero... esa mujer... si siendo un
Dios Apolo apenas logro escapar con vida de Geneva. ¿ seria ella capaz de
salir victoriosa de ese cometido?, un solo error, un solo error, y jamás
volvería a ver a Xena. Ante tal pensamiento, Gabrielle se asió al cuerpo
de su guerrera con más fuerza, respiro con profundidad el aroma de su amada
y por primera vez temió verdaderamente a la muerte.
CAPITULO
V
El
Rubí de la Vida
-
Es hora... – dijo una voz tranquila y pausada.
-
¿Qué?. – Gabrielle dirigió la mirada hacia la puerta – Apolo... –
dijo Gabrielle, con un dejo de tristeza en su voz.
-
Tiene que ser ahora Gabrielle – en la mirada de Apolo se exhibía un poco
de preocupación y ansiedad.
-
Lo sé – tras una ultima mirada a Xena y un beso, la bardo se levanto,
Apolo con un chasquido de sus dedos vistió a Gabrielle en un abrir y cerrar
de ojos.
-
He traído a tu amigo Gabrielle, espera abajo. – Gabrielle, sonrió
levemente al Dios y se volvió para mirar a Xena de nuevo, tras un ultimo
suspiro, miro de nuevo a Apolo... – ¿dime cómo es que ella no a
despertado?.
-
Todo es acción de Morfeo, me debe algunos favores ¿sabes?. – Apolo le
guiño sonriendo. Tomo la mano de Gabrielle desapareciendo entre una luz
plateada.
Autolycus
no dejaba de ver a Hebe, esta a su vez le sonreía, Autolycus se levanto de
su asiento, y fue a presentarse...
-
Hola, ejem... mi nombre es...
-
Autolycus ... – dijo Gabrielle.
-
¿eh? ... – se volvió para mirarla y sonrió – Gabrielle siempre tan
oportuna. – le dijo sonriente.
-
Hola Autolycus – Gabrielle se acerco y lo abrazo.
-
Es bueno ver a alguien conocido por aquí, y dime Gabrielle ¿has sido tú
la que me ha hecho venir aquí?
-
Sí, necesito de tu ayuda.
-
Vaya que conoces a gente importante en el olimpo ¿eh?.- señalando a Apolo.
-
Ya te lo explicare en el camino – le dice Gabrielle.
-
Muy bien,- dijo Apolo – es hora de partir.
En
cuestión de un santiamén llegaron a la parte posterior del castillo.
-
mmm ¿decías Gabrielle? – dijo Autolycus
-
Sí, lo sé te lo diré una vez estemos dentro. – dijo Gabrielle mientras
se acercaba a Apolo.
-
¿Y dime como haremos para entrar?
-
No te preocupes puedo hacer una pequeña abertura de tal modo que ambos cabrán
muy bien, pero solo será por un minuto no más, así que deben apresurarse.
– dicho lo anterior Apolo se paro frente al muro
Una
luz plateada inunda las manos de Apolo, al colocarlas frente al muro, este
empezó a deshacerse como si estuviera hecho de papel, el hoyo fue creciendo
de tal modo que ambos podían ya entrar muy bien.
-
¡Ahora! – grito Apolo – no podré resistir mucho tiempo más, rápido,
rápido.
Gabrielle
y Autolycus entraron dentro del castillo, cuando volvieron el rostro hacia
atrás la pared había sido restaurada.
-
Muy bien y ahora, me podrías decir que es lo que sucede Gabrielle – le
pregunta Autolycus.
-
Sssshhh, no hables tan fuerte, no sabemos si hay alguien por aquí – le
dice Gabrielle mientras mira hacia todos lados. La cámara en la que se
encuentran esta totalmente desierta, solo una pequeña luz rojiza ilumina el
cuarto, frente a ellos hay tres puertas la de la derecha parece estar hecha
de Oro, la de en medio de Plata y la Izquierda es de Bronce y a los lados
hay una y una la de la pared derecha es de madera y la de la pared izquierda
es de metal
-
Muy bien, creo que debemos ir primero al frente – le dice Autolycus.
-
¿Por que piensas eso? – dice Gabrielle mirándolo.
-
Bueno, por algún lado tenemos que comenzar ¿no? – le contesta encogiéndose
de hombros.
-
Bien, entonces comenzaremos por la de en medio.
-
Mejor iniciemos desde la de oro, y tomemos ese orden.
-
De acuerdo – dice Gabrielle.
Autolycus
se acerca a la puerta para examinarla.
-
Parece ser una cerradura sencilla, la abriré en un momento – Autolycus
saca su instrumento y comienza su labor. – bien esta listo. – Autolycus
va a abrirla cuando Gabrielle lo detiene.
-
Espera tenemos que hacerlo despacio por si hay alguien más
-
Sí tienes razón – le dice Autolycus quien abre cuidadosamente la puerta.
– para el asombro de ambos las paredes de la cámara que esta frente de
ellos, están cubiertas de oro sólido. – ¡por los Dioses esto es increíble!,
ja,ja,ja,ja, ¡mira!, ¡mira Gabrielle! ¡Cuánto oro!, Esto es
inconcebible, ¿sabes lo que podría hacer con tanto oro?.
-
Sí, retirarte de trabajar, y vivir una vida tranquila al lado de una mujer
que te quiera y te aprecie, por ende tendrías que dejar de robar – ante
este comentario la sonrisa de Autolycus desapareció.
-
Mmm, si tienes razón mi vida es robar y creo que lo seguiré haciendo en
pequeño todavía.
-
Mejor caminemos parece que al fondo hay otra puerta – Gabrielle se
adelanto.
-
Espérame Gabrielle – le dijo Autolycus al tiempo que avanzaba hacia ella
no habían caminado más de tres pasos cuando la puerta se cerro
abruptamente.
-
¡Autolycus! – grito Gabrielle molesta.
-
¿Qué? No he sido yo te lo aseguro, ¿Qué, qué esta sucediendo?- ambos
sintieron un leve temblor de pronto del techo se abre una compuerta y
cientos de miles de talentos de oro comienzan a caer precipitadamente
cubriendo la puerta y avanzando rápidamente hacia ellos.
-
¿Querías oro Autolycus? – le dice Gabrielle mirando absorta la cantidad
de oro que cae.
-
Sí pero no tanto, ¡corre! – ambos corrieron hacia la siguiente puerta.
-
Rápido o quedaremos sepultados. – le decía Gabrielle a Autolycus quien
se asoma a ver la cerradura.
-
Oh no!, - dice Autolycus con ese gesto tan suyo.
-
¿Qué? – le dice ansiosa Gabrielle.
-
La cerradura.
-
¿Qué tiene?
-
Es doble, me tardaré un poco en abrirla.
-
Pues mejor te apresuras antes de que nos sepulte esa montaña de oro.
Autolycus
se apresuro a intentar abrirla, mientras la gigantesca cantidad de oro seguía
avanzando hacia ellos con rapidez.
-
Por los dioses Autolycus ¿ aún no terminas?.
-
No... espera ya ... ya casi... sí, lo logre. Salgamos de aquí. – Los dos
se a abalanzan a una nueva cámara.
-
Cielos ¿dónde estamos?, ¿Autolycus? ¿ Estas aquí?.
-
Justo detrás de ti Gabrielle o al menos eso… eso espero – le dice –
pero que oscuro esta aquí.
-
Tienes algo que nos pueda aluzar – le pregunta Gabrielle.
-
Espera…Apolo me dio esto dijo que nos serviría.
-
Vaya ilumina bien ¿qué es? – Gabrielle se acerco para ver lo que era. Al
parecer era una cajita pero del interior salía una luz muy brillante. –
no puedo ver lo que es, es mucha la luz.
-
Mira Gabrielle, ¿en donde estamos? – las paredes eran de tierra pero al
centro de esa cámara se encontraba una puerta de metal.
-
No lo sé pero seguro que tenemos que cruzar esa puerta.
-
Bien entonces manos a la obra.
Habían
avanzado unos metros cuando.
-
Gabrielle ¿oíste eso?
-
¿Que?
-
No sé parecía ser… ¡cuidado! – Autolycus lanzo a Gabrielle a un lado
mientras una criatura la cual parecía ser hecha de tierra le daba un golpe
que lo dejo aturdido.
-
¡Autolycus! – Gabrielle se levanto dirigiéndose hacia él para ayudarlo,
pero justo frente a ella de la tierra emergió otra criatura que le impidió
el paso.
-
¿ Pero que es esto? – la criatura gruño levantando el brazo para golpear
a Gabrielle.
-
¡Gabrielle, Toma! – Autolycus le lanzo una espada, la cual Gabrielle tomo
por el mango. – Apolo dijo que sabrías como usarla.
-
¿Una espada? – Gabrielle esquivo el golpe de la criatura. – pero lo mío
es el báculo.
-
Inténtalo Gabrielle es nuestra única esperanza. – le dijo Autolycus
quien se levanta limpiándose la sangre de la boca.
-
Muy bien si Xena puede hacerlo ¿por qué yo no?. – Gabrielle empuño la
espada con firmeza y se abalanza contra las criaturas, uno, dos, tres golpes
y los deshacía.
-
Vamos preciosa, vamos no me falles – le decía Autolycus a su herramienta,
mientras intentaba abrir la puerta, ¡maldición!, ¿Pero qué clase de
puerta es esta?.
-
¿Qué sucede Autolycus? – le pregunta Gabrielle que se encuentra cubriéndole
las espaldas.
-
La puerta, la puerta tiene ¡una Tripe cerradura! ¿ Cómo voy a abrir eso?.
-
No me interesa como lo hagas solo ¡hazlo!, no resistiré mucho tiempo –
dice mientras golpea a otra criatura con la espada.
-
Sí, como no eres tú la que esta haciendo esto…
-
Autolycus…
-
Sí, sí, ya voy, veamos, soy el rey de los ladrones puedo hacer esto, puedo
hacerlo, puedo hacerlo, no me falles nena, no me falles…bien ya tengo
uno…muy bien con cuidado… con cuidado… ¡Oye!…
-
Uuppps lo siento Autolycus – le decía Gabrielle mientras Autolycus se
limpiaba la tierra que le cayo sobre la cabeza.
-
Hummp, ¿veamos en que iba? Así… vamos, vamos, …bien ya esta la segunda
y ahora…
-
Dioses Autolycus apresúrate…
-
Sí, ya voy, ya voy… muy bien, vamos, vamos… lo tengo…lo tengo, sí ya
esta, rápido Gabrielle salgamos.
Sin
pensárselo dos veces ambos salieron apresuradamente de aquel lugar cerrando
la puerta tras ellos.
-
¡¡¿QUÉEEEEEEEEE?!! – dijeron ambos al ver lo que estaba frente a
ellos.
-
Gabrielle ¿ qué, qué sucedió? – le decía Atónito Autolycus.
-
No, no puede ser, en verdad no puede ser… - ambos miran con desilusión la
nueva cámara donde se encuentran, era la misma del principio, las puertas
de oro, plata y bronce, la de la pared derecha de madera y por la que
salieron de Metal.
-
Dioses es todo un laberinto ¿ qué haremos ahora? – le pregunta Autolycus.
-
No lo sé, en todo esto debe haber un acertijo, pero ¿cuál es?.
-
No lo sé Gabrielle pero empiezo a cansarme de esto…
-
Bien veamos, el lugar es una fortaleza – decía Gabrielle – y frente a
nosotros hay tres puertas ya sabemos que la de oro nos conduce a través de
la puerta de metal a esta cámara, de tal modo… de tal modo que…- de
pronto Gabrielle posa su mirada en un objeto algo singular – ¿Autolycus
te das cuenta?…
-
Sí, ya lo veo, nos dejamos llevar por la seguridad que muestran estas
puertas, al ser de metales duros…pero…
-
Sí exactamente… si entramos por cualquiera de estas tres puertas
saldremos por la de metal o talvés por la de madera y eso si tenemos suerte
de salir con vida.
-
Tienes razón Gabrielle el viejo dicho de si quieres esconder algo ponlo
donde todo mundo lo vea.
-
Así es… Gabrielle camino hacia donde se encontraba esa pequeña luz, que
se encontraba poco más arriba de la puerta de plata que era la que
iluminaba el recinto – Autolycus ayúdame esta muy alto.
-
Sí – Autolycus se apresuro a ayudarla. – bien Gabrielle sostente de la
puerta sube tu pie si bien así… ¿lista?
-
Sí, estoy lista.
-
Muy bien arriba ummp – Autolycus la subió con sus manos. – ¿di…dime
si es…?
-
Sí, si es el rubí – decía Gabrielle emocionada al ver de cerca la pequeña
piedra roja
-
Apresúrate Gabrielle
-
Sí… - Gabrielle tomo la joya cuando…
-
¿ Qué que sucedió? – preguntaba Autolycus levantándose del suelo.
-
Vaya, Vaya, Vaya, así que tenemos a dos insectos intentando robar el rubí
de la vida ¿no es así?.
-
¿Qué?… - dice Gabrielle mientras se levanta.
-
Me sorprendes rubia, fuiste muy inteligente al posar tus ojos en la luz que
ilumina esta cámara, en todo el tiempo que he estado aquí, nadie lo había
hecho, ni siquiera el imbécil de Apolo.
-
Gabrielle, ¿quién, quien es ella? – le dice mientras se coloca a su
lado.
-
Su nombre es… es…
-
Geneva Guardiana del rubí de la vida y la verdugo de ambos… prepárense.
– Geneva se abalanza contra ambos Autolycus logró esquivar el golpe, no
así Gabrielle que fue herida por la espada de la guardiana.
-
¡Gabrielle!, ¿Estas bien? – le dice Autolycus.
-
Sí, solo ha sido un rasguño en mi brazo.
-
Pronto será algo más que eso. – Geneva sonrió maliciosamente mientras
miraba a Gabrielle.
-
“Dioses, debo hacer algo rápido o nos matará” – pensaba Gabrielle,
de pronto miro de reojo hacia su costado izquierdo y vio la espada que Apolo
le dio. Autolycus se dio cuenta de ello.
-
Hey! Guardiana – Autolycus se abalanzo sobre de ella – rápido Gabrielle.
-
¡¡¡¡Que!!!! – Geneva se volvió para enfrentarlo, Gabrielle se lanzo a
tomar la espada.
-
Aahhhhhggg
-
¡¡¡¡Autolycus!!!! – grito Gabrielle al ver que Geneva le clavaba la
espada en su hombro derecho.
-
¡Dioses, como duele!, aahhgg – Autolycus cayo de espaldas sosteniéndose
el hombro con su mano izquierda.
-
Bien, rubia, Dime ¿qué hago lo mato primero a él o quieres ser tú la
primera en morir?.
-
“Maldición, maldición!, ¿Qué hago?” – piensa Gabrielle – Bien
será mano a mano tu contra mi si yo te gano nos dejaras marchar con el rubí
de la vida y si pierdo ambos moriremos.
-
Ja, crees poder ganar, lo dudo mucho pero esta bien, tomare tu reto.
Adelante – Geneva se abalanzo contra Gabrielle espada en mano para atacar
con todas sus fuerzas.- “Dioses Ayúdenme a vencerla.” – pensaba
Gabrielle mientras se ponía en guardia
-
Hermano ya hace mucho rato que entraron, ¿crees que estén bien?
-
No lo sé, pero, es probable que estén en alguna de las cámaras de ese
laberinto, esperemos un rato más y después abriré un pequeño hoyo en la
pared y veré sí todo esta bien.
-
De acuerdo.
Mientras
dentro del castillo, Gabrielle es atacada a diestra y siniestra por Geneva,
la bardo poco podía hacer con la espada no la usaba adecuadamente ya que
sabía que podría herir a Geneva y por más mal que le cayera sabia que no
podría matarla.
-
“Ya no resisto más, es muy fuerte” – piensa la bardo.
-
Gabrielle, ¿qué sucede?…tu… tu puedes vencerla – murmuraba cansado
Autolycus debido a la pérdida sangre.
Uno,
dos tres, cortes de espada se sumaron en el rostro de la bardo la cual solo
se defendía. Tres, cuatro cortes más en sus brazos, y Gabrielle seguía
solo defendiéndose.
-
Ya me estoy cansando de esto rubia- Geneva se separa un poco de Gabrielle -
terminare pronto contigo y así Xena volverá a su antigua carrera y yo me
uniré a su lado, ella debe gobernar el mundo ¿lo sabias?, pero tu… no sé
de que modo la has hecho cambiar, la has confundido, confundiste su camino.
– le señalo con su espada.
-
No la he confundido, la he guiado por el camino por el cual ella debe estar,
Xena no es mala, ella nació para hacer el bien.
-
Callaté!!! – le grita irritada Geneva – morirás y eso es todo. –
Geneva se abalanzó contra Gabrielle, hundiendo su espada en el hombro de
Gabrielle
-
Aaahhhgg.
-
Ga…brielle – murmuro Autolycus – Apolo debes a…yudar…nos.
-
Hermano tengo un mal presentimiento, por favor déjame ver que sucede.
-
De acuerdo, hazte aun lado Hebe. – Apolo coloco sus manos sobre el muro,
una luz brillante salió de ellas y el muro poco a poco comenzó a ceder,
cuando estuvo listo.... – Oh, no , no.
-
¡¡Por Zeus!! ¡¡Gabrielle!! - exclamo Hebe al ver como Geneva retiraba la
espada del hombro de Gabrielle.
-
Rápido Hebe trae a Xena.
-
Sí,sí – Hebe desapareció dejando un desello azul celeste.
-
Por Zeus Gabrielle, resiste, resiste. – dice angustiado Apolo.
-
Bien rubia, este juego se acabo, es hora de terminar contigo y con tu amigo.
– Geneva se dirigió hacia Autolycus, una vez frente del él, levanto su
espada dispuesta a matarlo – despídete de tu amigo, su hora a llegado.
-
¡Xena!, Xena despierta, anda, que Gabrielle te necesita, ¿pero que sucede?
– Hebe sacude a Xena pero no hay respuesta – rayos ¿Apolo que le
hiciste? – de golpe recuerda – Sí ahora lo recuerdo, Morfeo libera a
Xena de su sueño.
-
¿Qué?, ¿Quién eres tu? – Xena se levanta rápidamente.
-
¡Maldición no hay tiempo para explicaciones! – Hebe la toma de la muñeca
y se la lleva consigo desapareciendo en un destello azul celeste.
-
¡Espera! – Gabrielle que esta de rodillas se levanta con dificultad, -
todavía esto no ha terminado –toma la espada que esta a su lado y la empuña
con firmeza, su respiración es agitada, y hace un rictus de dolor ante las
heridas producidas por Geneva –no permitiré que lo mates, antes tendrás
que matarme a mí.
-
Bien si así lo deseas, disfrutaré mucho eliminadote, de esa manera haré
que Xena te olvide pronto y las dos gobernaremos el mundo.
-
Dudo que – Gabrielle sonríe confiada – lo logres. – empuña la espada
tal como lo hace Xena.
-
¿Qué dices rubia?. – Geneva le mira seria.
-
Lo que escuchaste – la sangre surca el rostro de Gabrielle hasta su
barbilla la cual cae en finas gotas que manchan sus botas, mira fijamente a
Geneva – aún si me matas Xena jamás podrá unirse a ti ni hacer el mal,
ni mucho menos…olvidarme… ahora …que…
-
¿Qué rubia? – dice secamente Geneva mientras sus cejas se arquean más.
-
Ahora que somos una sola.
-
¿Qué… di…ces? – Geneva le mira con infinito rencor. – ¿No te habrás
atrevido a…? – Geneva empuña su espada con fuerza, tanta que las manos
comienzan a sangrarle.
-
Xena me ama y eso es algo que jamás podrás destruir, nos une el lazo del
destino, tu nunca podrás llegar a comprenderlo – Gabrielle sonríe
satisfecha.
-
¡Maldita rubia, te mataré! – Geneva se abalanza contra Gabrielle
dispuesta a cortarle la cabeza.
-
“Xena, perdóname, no pude cumplir un trato, y no medí las consecuencias
que eso me traería, nunca olvides que te amo” – Gabrielle soltó la
espada y espero a que Geneva le diera muerte.
-
¡¡¡¡¡Gabrielle!!!!! – Xena lanzó su Chakram, golpeando la espada de
Geneva, provocando que esta cayera al suelo ante la estupefacta mirada de
Geneva.
-
¡Xena! – los ojos de Gabrielle se llenaron de lágrimas mientras corría
a su lado.
-
Gabrielle ¿qué esta sucediendo?
-
Xena, Xena – Gabrielle la abraza con fuerza, las lagrimas recorren las
mejillas de la bardo, mezclándose con su sangre.
-
No te metas Xena – le dice Geneva acercándose a ellas. Esa rubia y su
amigo han robado el rubí de la vida y como guardiana debo impedirlo.
-
¿Eso es verdad Gabrielle? – Xena le mira a los ojos.
-
Xena, yo, lo… siento. – se suelta de su abrazo toma el rubí de la vida
y lo arroja hacia el agujero hecho por Apolo. – pero debo cumplir una
promesa.- dice la joven bardo.
-
Gabrielle – Xena le mira extrañada.
-
Gracias Gabrielle.- dice Apolo encerrando en su mano el rubí de la vida.
-
Yo tomare el lugar de Gabrielle, peleare en su lugar – dice con firmeza
Xena, Gabrielle le mira sorprendida – bien Geneva cuando estés lista.
-
Me das asco Xena – Geneva escupe el suelo – no es posible que esa rubia
te haya hecho cambiar tanto. Las mataré a las dos. – Geneva empuña su
espada, de su cuerpo empieza a salir una luz dorada, y la espada adquiere un
color dorado – ahora sabrán del poder de la espada de Zeus. – de la
espada comenzaron a salir rayos. Xena fue alcanzada por uno de ellos y
arrojada a una de las paredes. No eres rival para la espada de Zeus Xena, es
hora de pagar.
-
“Dioses Xena” – piensa Gabrielle.
-
Rápido Gabrielle la espada que te di úsala – le grita Apolo
-
Sí – Gabrielle se lanza por la espada – al tomarla, el color plateado
se vuelve cada vez más intenso. – ¡Geneva! - le grita Gabrielle – deja
a Xena en paz es a mí a quien quieres ven y atácame.
-
Con gusto rubia – Geneva se abalanza contra Gabrielle, pero esta detiene
su golpe con la espada de Apolo, los musculos de Gabrielle están tensos por
el esfuerzo.
-
No… no me daré por vencida Guardiana… he de ganar esta batalla…
cueste lo que cueste.
-
Gabrielle – dice Xena mirándola pelear, trata de levantarse pero el golpe
a sido muy duro.
-
¡Mal nacida, te arrepentirás de haber venido a mundo! – Geneva ataca con
furia a Gabrielle, mientras esta esquiva los golpes… por fin Gabrielle
hace un pequeño corte en la mejilla de Geneva.
-
¡¿Cómo?! – Geneva se toca la mejilla y la sangre le cubre sus dedos.
Eres
fuerte rubia, eres digna de enfrentarte a mí… aunque… yo ganaré. –
Geneva se lleva los dedos a la boca – jamás había probado mi sangre
desde que soy guardiana del rubí, y juro por Zeus que no lo haré otra vez.
– Geneva levanta la espada, suelta un golpe sobre la de Gabrielle, y le
golpea con el puño el rostro.
Gabrielle
retrocede, escupiendo la sangre de su boca.
-
“Tengo que hacer algo para terminar esto de una vez por todas…… eso es
su espada sin ella no es nada” – Gabrielle sujeta fuertemente su espada
y se lanza contra Geneva. Las dos espadas chocan con fuerza, y rápidamente
Gabrielle haciendo gala de esfuerzo logra barrer a Geneva cayendo esta a
suelo con gran estrépito y por ende suelta la espada.
-
Te rindes guardiana – Gabrielle le coloca la espada en la garganta. –
Geneva mira hacia un lado y ve su espada. – No… ni siquiera lo pienses
Guardiana. – le dice Gabrielle seriamente.
-
Maldición…maldición… me… rindo… - dice por fin la guardiana.
Gabrielle
se aleja de ella suelta la espada dirigiéndose a Xena, pero Geneva.
-
¡Gabrielle cuidado! – le grita Xena. Lanzando su Chakram
-
¿Qué? – sin tiempo siquiera de volver la vista Gabrielle mira hacia
delante un acero dorado que le atraviesa el cuerpo. Ladea su cabeza hacia su
derecha y Geneva tiene encajado el Chakram de Xena a medio pecho.
Geneva
cae al suelo llevándose la espada con ella, Gabrielle cae de rodillas, Xena
se acerca ella. Y la toma entre sus brazos.
-
Vamos Gabrielle, vamos, resiste. La carga y la saca de ese lugar.
-
Gabrielle… murmura Autolycus – Hebe se arriesga a ser absorbida a otra
dimensión y entra a rescatar a Autolycus, con la ayuda de Apolo logran el
cometido y Autolycus sale del castillo.
CAPITULO
VI
Destino
A fuera del castillo.
-
Vamos, vamos Gabrielle, siempre has mostrado ser muy fuerte, vamos.
-
Xe…Xena… tu… tu eres mi destino, mi destino… te amo…
-
Gabrielle, no, no te esfuerces en hablar. Todo saldrá bien.- Xena volvió
el rostro para mirar a Apolo, quien con la mirada vacía, solo…
-
Lo… lo lamento Xena – y dicho esto desapareció junto con Hebe en una
luz plateada y azul celeste.
-
¡Malditos sean los dos! – grito Xena, se volvió para mirar a Gabrielle…
Gabrielle vas a estar bien, ya lo veras… resiste – las lagrimas
traicionan a Xena al asomarse por sus ojos.
-
Xena no tengo…no tengo miedo… porque tú eres mi destino… - Gabrielle
toco el rostro de Xena con sus dedos, dejando en las mejillas de Xena su
sangre.
-
Vas a estar bien Gabrielle – le decía Xena mientras tapaba con sus manos
la herida de su bardo que no dejaba de sangrar. – no, no puedes dejarme,
no ahora que somos una.
-
Siem…siempre seremos…u…una – la mano de Gabrielle cayo del rostro de
Xena mientras sus ojos se cerraron.
-
¡¡¡¡¡¡¡¡No, no, noooooooo!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡Gabrielle!!!!!!!,¡¡¡¡¡¡¡Gabrielle!!!!!!!
– Xena se desplomo sobre el cuerpo de su bardo llenando su rostro de
besos. – Por favor, vuelve, vuelve, te necesito, te necesito… Gabrielle…
por favor…
Lejos
de ahí, en un bosque Apolo esta de pie ante una flor…
-
Dafne, amor mío, ¿ves lo que traigo en mi mano?, es el rubí de la vida, y
con el podría volverte a tu estado anterior – por respuesta la flor cerro
sus pétalos y decayó como si estuviera seca. – no amor mío no te pongas
triste, no te volveré a tu estado anterior… no puedo… este rubí esta
manchado con la sangre más pura que he conocido… solo vine a pedirte perdón
por no poderte regresar a tu vida como ser humano – ante ello la flor
volvió a levantarse – Dafne, siempre decías que yo no era más que un
Dios vanidoso, falto de corazón y compasión, pero… no… no lo soy…
simplemente soy un Dios…que esta enamorado de ti, devolveré esa vida…
por que te amo… y después con mis propias manos te recobraré de una u
otra forma – la flor abrió sus pétalos blancos – Apolo se arrodillo y
beso a la flor, una lágrima cayo en la tierra y la flor se multiplico en
cien veces su número, Apolo dejo caer una segunda lágrima y la flor se
volvió a multiplicar cien veces su numero. Te amo Dafne, Te amo, volveré
por ti, espérame. – Apolo desapareció, dejando una estela plateada,
mientas el sol se asomaba tras las altas montañas.
-
Gabrielle… ¿esta?… - le pregunta Autolycus a Xena mientras esta venda
su herida.
-
Sí, ella… - baja la vista.
-
Lo…lamento… - Autolycus deja mostrar sus lágrimas – ¡Xena mira!… -
Xena voltea y ve a Apolo acercarse al cuerpo de Gabrielle. – Xena salta y
lanza su particular grito, saca su espada quedando entre Apolo y el cuerpo
inerte de Gabrielle.
-
Que vienes a hacer aquí ya tienes lo que querías ¿no? – dice fríamente
Xena.
-
No, no tengo lo que quiero, retírate Xena, el asunto no es contigo. –
Apolo le habla con sus ojos cerrados.
-
De ninguna manera, no te atrevas a tocarla.
-
Xena… – Apolo rápidamente la lanza con un rayo contra la pared del
castillo.
-
Gabrielle, eres fuerte y valiente, así que vuelve a la vida, regresa tu espíritu
a este cuerpo, vuelve a nosotros, pequeña bardo-guerrera. – coloco el rubí
sobre su corazón este se introdujo dentro de su pecho, y una luz roja
intensa salió de cada poro de su ser, las heridas y la sangre fueron
desapareciendo, poco a poco – Xena miraba atentamente, por último un gran
destello rojo escarlata salió del cuerpo de Gabrielle tan intenso que
Autolycus y Xena tuvieron que cerrar los ojos.
-
Gabrielle – murmuro Xena tratando de recuperarse de la fuerza de aquel
destello. Al abrir los ojos vio a Gabrielle sentada viéndose con extrañeza
las manos y sus ropas.
-
¡¡¡Gabrielle!!!, ¡¡¡Gabrielle!!!. – Xena se levanto rápidamente y
fue a abrazar a su bardo.
-
¡¡¡Xena!!! – Gabrielle se abrazo fuertemente a su guerrera, tras un
instante – ¿pero cómo?, lo último que recuerdo es tu rostro, yo, morí
¿cierto?.
-
Cierto – le dice Xena , Autolycus se acerca a amabas mujeres.
-
Gabrielle… que bien que estés bien… ¡ que bien! – dice Autolycus con
emoción en su voz.
-
Autolycus… pero, pero Xena ¿cómo?.
Xena
se hace a un lado y Apolo se arrodilla ante Gabrielle.
-
¿Apolo?… ¿Tú?… ¿pero es que acaso utilizaste…
-
Así es Gabrielle utilicé el… - toca el pecho de Gabrielle y en ese
momento sale el rubí de la vida completamente oscuro, Apolo lo toma en la
palma de su mano – rubí de la vida, era necesario.
-
Pero ¿por qué?…- Gabrielle le mira extrañada. – ¿y Dafne?
-
Vamos Gabrielle sabes que soy un Dios benevolente, no iba a dejarte morir,
además no importa mucho, el rubí de la vida vuelve a estar activo después
de 500 años, yo puedo esperar todo ese tiempo… soy
inmortal…recuerdas… je, y Xena no… además creo que a Dafne no le gustó
la idea de ser vuelta a la vida a costa de un sacrificio, ella ya me ama ¿sabes?
-
¿En verdad? – Gabrielle sonrió tiernamente.
-
Sí, así es, soy feliz, tú eres feliz, Xena es feliz, Autolycus no tanto,
pero ahora lo remedio.- el Dios se levanto y se dirigió a Autolycus, la
impresionante altura del bello Dios incomoda a Autolycus. Apolo posa su mano
sobre la herida de Autolycus, la luz que emana de su mano va cerrando poco a
poco la herida del rey de los ladrones. Mientras esto ocurre, Apolo mira
fijamente el rostro de Autolycus y se da cuenta de que no es mal mozo,
Autolycus nota mirada de esos profundos ojos grises al grado de sonrojarse
intensamente.
-
Oye creo que ya… esta bien así… en verdad Apolo je, gracias, dejaré
que sane solo – Autolycus trata de separarse pero Apolo lo sostiene
firmemente.
-
Espera ya falta poco, no es muy común que alguien reciba la sanación de un
Dios – Apolo le sonríe cautivadoramente.
-
Xena… amiga… amiguísima – Autolycus le mira desesperadamente
nervioso.
-
Vamos Autolycus en verdad es raro que un Dios te sané.
-
Gabrielle.
-
¿Eh? – Gabrielle ignora la suplica de Autolycus - ¿Xena a donde quieres
que vayamos ahora? – Gabrielle centra su atención en Xena.
-
Eres un buen mozo ¿lo sabias?. – le dice Apolo seductoramente.
-
¡¿Eeeh?!, sí, sí lo sé claro tu sabes así debe ser un rey, buen mozo,
inteligente, gallardo, muy hombre, tu sabes.... ¿qué, que haces? – Apolo
lo sujeta de la barbilla con firmeza, y con su brazo izquierdo lo abraza
llevándolo hacia así, aproxima su boca a la de Autolycus – Xena, Xena,
Xennnn……mmm…mmm…mmm – Apolo lo besa intensamente – Autolycus
mueve los pies las manos, pero no es capaz de soltarse de los brazos del
Hermoso Apolo, Apolo lo besa larga y lentamente, Autolycus esta que no se lo
cree con los ojos bien abiertos, y el color del rostro mas rojo que el mismo
rubí de la vida.
-
<Eso, solo, a sido el antojo de un Dios> – dicen al mismo tiempo
Apolo y Gabrielle esta ultima divertida con la cara de Autolycus.
-
Yo…yyyoo…ah…eh…yo… - dice un apenado Autolycus.
-
Descuida yo no diré nada si tu no lo dices – Apolo le sonríe y le guiña
un ojo. – aahhh, por cierto toma, Apolo se quita uno de sus rizos azules y
se lo entrega a Autolycus – no lo pierdas créeme que será de gran
utilidad. – Apolo se volvió a ver a Gabrielle le guiño un ojo y se
desvaneció dejando una estela plateada.
-
Mmmhh, un rizo de Apolo, ¿qué harás con él? – le pregunta Xena
sonriente. – debes besar muy bien para que Apolo te lo haya dado.
-
¡¡¡Aah!!!, mi querida Xena entre mis otras muchas cualidades esta el
besar muy bien.
-
Mmmh, aja, - Gabrielle sonríe ante su propia expresión.
-
En verdad créanme…
-
Te creemos Autolycus – Xena voltea a ver a Gabrielle, al ver ese verde se
olvida de Autolycus y abraza a su bardo.
-
Ejem, bueno pues creo que yo las dejo – dice Autolycus amarrándose el
cabello de Apolo a la cintura – vaya es muy resistente, y la verdad es que
no sé que hacer con el pero el cabello de Apolo es muy valioso eso lo sé
bien.. – Adiós chicas. – se encamina rumbo a la aldea.
-
Gabrilelle …
-
Xena… - ambas acercan sus bocas en eso…
-
A por cierto, antes de que consuman lo que debieron haber hecho desde hace
mucho… mmmhh, bueno pues ustedes sabrán que mi reputación descendería
si ustedes…
-
Descuida Autolycus ya lo olvidamos – le dice Xena
-
Ah, bien, sabía que podía contar con ustedes. – ni Xena ni Gabrielle
hicieron caso de Autolycus.
-
Bueno, yo… bueno adiós. – Autolycus se encamina de nuevo rumbo a la
aldea.
Xena
y Gabrielle se besan larga e intensamente, sellando el pacto de su amor,
sintiendo detrás de ellas el calor del sol que anuncia un nuevo día, un
nuevo comienzo, una nueva vida.
Fin.
*
la parte de la conversación de Xena y Gabrielle “ Eres mi destino” que
esta en negritas pertenece a (Carlos Gómez Barrera) autor del tema éxito
de los tres ases “Tu eres mi destino”, hey!, que la música de antes
esta muy bien , en serio!!!!!.