Nació en Acambay, Estado de México. Profesora normalista con la especialidad en lengua y literatura. Además de docente. Ha publicado poemas y ensayos en antologías, periódicos y revistas del Estado de México; tiene editados los titulos De Flor en Flor (poesía infantil), Versos a los versos de Sor Juana, De Amor y uno de Silencio (poesía), Alguna vez mío (obra dramática en dos actos), El balcón del diablo, Orillas en soledades confundidas (ambos de poesía) y textos suyos se incluyen en los libros colectivos Camisa de 18 varas y Árbol de las letras y la vida.
Con el asombro que produce el tomar contacto con las vibraciones más intimas de la mujer estremecida por el amor, por el placer de amar y por el dolor de amar, se desatan de la pluma estas palabras que pretenden expresar el remolino de emociones que inunda el erotismo puro y fulgurante del verso de Elia G. Alvarado.
Con Verdadero profesionalismo, la poeta traza, a través de su poemario, una partitura sinfónica que nos transporta por tres movimientos musicales construidos por notas que se funden en el andar del sentimiento:
Primero; el allegro vigoroso traducido en hallazgo, fuego y entrega gozosa a la vida, esencia misma del amor; todo esto plasmado en imágenes llenas de una armonía tal que deleita los sentidos y enardece el alma:Me gustan las tardes que resbalan
Por las paredes de mi casa
Y estás tu
Y buscas la flor de la penumbra.
Y luego, batuta magistral, nos lleva al intermezzo “entre los despojos de la fiesta” y en medio de la evocación plagada de sensaciones y añoranzas revestidas de insomnios:
Cuando no estás,
Me tiendo sobre sabanas largas
Con deseos de arrastrar
El milagro de los cuerpos.
Añoranzas saturadas de ayeres que no pasan y florecen en permanencia fiel, ante lo que fue y ya no es.
Tu nombre, migaja de pan,
Se desbarata en mi lengua ....
O en dulces reclamos que se aferran a la posibilidad y se deleitan en el sueño del retorno y en el milagro del amor: siempre el amor:
Entonces me rindo, atrapada
En el suplicio de mis vapores.
Y finalmente, en el tercer movimiento de la sinfonía poética, el adagio; el lento que se envuelve en el “silencio que aúlla tiempos infinitos”, la autora nos muestra su “alma en fuga” atormentada y dolida por las “voces lejanas como alas de parvadas en acecho”, alma que ahora es “obstinada sombra” que se desliza, quizás llorosa y triste, por “el mismo lugar donde nacieron las alegrías” y hoy se tornan selva inventada para rescatar el ayer, que se ha convertido en “silencio que arrecia” en la evocación dolorida de las madrugadas ardientes, hoy sombras y soledades en busca de otro día y otro lugar “donde la diosa anude las cuerdas de la vida”.
El adagio es remembranza de intimidades nocturnas, de besos infinitos, de entrega, pasión y fuego que abraza los cuerpos y eleva las almas, plasticidad pura de la plenitud amorosa y remanso limpio que desnuda y enaltece:
Fui agua que lavo tu noche,
Asombro para tu hallazgo,
Verdad que urgió tu cuerpo.
Transitar por la poesía amatoria de Elia G. Alvarado, permite comprobar con deleite espiritual la vigorosa fortaleza de su personalidad, su extraordinaria sensibilidad femenina y su infinita creatividad poética.
Música para los cuerpos es una sinfonía para el amor, donde los tiempos en que se ha dividido plasma con fuerza y valentía la imagen del amor pleno, pero también la doliente figura del recuerdo, de la ausencia, de la soledad.
Así, la autora es cumbre y abismo, es alegría y pena, es placer y es dolor, desnudez luminosa del alma enamorada y nocturnidad atormentada de la mujer que añora en soledad.
En Elia se entrecruzan deslumbrante reminiscencias sáficas y rebeldías alfonsínicas con sus ternezas “eliánicas”; por eso su poesía erótica es destello brillante de sonidos vigorosos, apacible crepúsculo de notas suaves y nocturno ensueño de calderones dolientes.