
Introducción
La
"creación literaria" de un personaje se refiere
a aquellas características del personaje que han de tenerse
en cuenta a la hora de escribirle una aventura.
Cuando se llega al paso de diseñar un guión
ha de tenerse bien definidas las caracteristicas de cada personaje,
atendiendo a dos puntos esenciales:
- Qué acciones podría realizar un determinado personaje.
- Qué forma de hablar tiene.
Argumentos
Propios
Para
dar con argumentos que "vayan" con un personaje habrá
que definir ciertas características del propio personaje.
Una fórmula muy sencilla y efectiva es atribuirle un determinado
carácter y una profesión.
Cuanto mejor definidas estén las características
del personaje más personalidad tendrá nuestra historieta,
pero más difícil nos resultará mantenerla
a lo largo de varias aventuras. Si nuestro personaje está
vagamente creado, más ideas "caben" en las distintas
aventuras , pero tendrán menor lucimiento.
Si el personaje posee una característica profesional o
sicológica muy marcada estaremos muy coartados a la hora
de inventar ideas. "James Bond", por ejemplo, es un
espía, seductor, que suele salvar al mundo en medio de
grandes persecuciones y lugares exóticos ¿no parece
que siempre es la misma película? Puede gustar más
o menos (a mi me encantan) pero es un hecho que los guionistas
de Bond tienen las manos muy atadas a la hora de escribir los
argumentos.
Una vez se atiende al peligro de crear un personaje de características
muy marcadas, habrá que cuidarse de que no nos ocurra lo
contrario, es decir, que por no definir el personaje nuestras
historietas sean comunes y sin interés.
El nivel de definición del personaje depende de cada
autor, pero en los comienzos siempre es recomendable optar por
un término medio: un personaje con cierta característica
sicológica o una profesión determinada, pero que
no sea demasiado "cerrada".
Por ejemplo, un policía puede ocuparse de casi cualquier
cosa, un caso de mafia internacional (con viajes y exotismo),
un caso de drogas en la adolescencia (y hacer denuncia social),
apuestas ilegales en el boxeo o lo que se te ocurra. La profesión
de policía es un buen punto de partida.
Si nuestro personaje es policía, casi nos arrastra
a la personalidad tópica de rudo y violento, que nos aporta
bastantes salidas: habla muy poco y es muy conciso en lo que dice.
Luego nos inventamos un nombre, que sea sencillo de pronunciar
y recordar y que tenga "enganche", fíjate en
estos ejemplos de polícias famosos: Harry Callaghan (Clint
Eastwood en Harry el Sucio), Sonny Crockett (de Corrupción
en Miami) o Nico Toscani (famoso personaje de Steven Seagal).
Así logramos un personaje con algunas características
más o menos claras de físico y vestimenta, una profesión
amplia e interesante y un carácter bien marcado pero de
muchas posibilidades.
Sicología
o Arquetipos
No
siempre un personaje posee "sicología" propia,
es decir, emociones, sentimientos encontrados, complejos como
cualquier ser humano. Muchos personajes de historieta representan
un arquetipo: el chico valiente, el malo, la chica idealista,
la tímida, el cobarde, el traidor ...
Por ejemplo, ¿Cómo siente Randall Quest, protagonista
de GorK MorK? ¿qué piensa? (ver GorK
MorK ). Nadie lo sabe, ni importa. No hace falta saber su
edad ni sus ideales, si tiene novia, si no la tiene, o si se siente
atraído por la princesa. Se limita a hacer y decir cosas,
reaccionar ante lo que le ocurre.
Un error muy común es desprestigiar la historieta arquetípica
comparándola con la sicológica (tal como se hace
en el cine), y a nuestro juicio es un error tan grave como pensar
a la inversa. Solo hay unas historietas mejores que otras, de
una u otra clase. El lector se encargará de escoger aquella
que mas le guste, de acuerdo a sus gustos personales.
Ahora bien, tanto si nos decantamos por una historieta más
o menos sicológica como si escogemos hacer una arquetípica,
habrá que respetar una coherencia en el carácter
de los personajes. El personaje ambicioso, por ejemplo, habrá
de mostrar con frecuencia su personalidad ambiciosa y sin escrúpulos,
para que el lector no se olvide.
(c) Ruymán Nieves Suárez 2002