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SPHENODONTIDAE

Las tuataras tienen un extraordinario interés zoológico y a menudo se denominan fósiles vivientes. Sin embargo, las investigaciones recientes sugieren que las tuataras muestran muchas características avanzadas si se las compara con sus parientes más próximos ya extinguidos.

Las tuataras se diferencian de los lagartos en muchas facetas. Por ejemplo, carecen de aperturas auditivas externas; tienen extensiones ganchudas en algunas de sus costillas; tienen dos grandes aberturas en los lados del cráneo inmediantemente detrás y sobre la cavidad que alberga el globo ocular; y los machos no tienen pene.

Las tuataras tienen un legendario tercer ojo que es parte de un órgano complejo situado en la parte superior del cerebro. Consiste en un cristalino, retina y una conexión nerviosa con el cerebro, pero al principio de su desarrollo, tienen este órgano cubierto de escamas opacas. Los experimentos no han acertado a revelar la función, si es que la hay del tercer ojo en las tuataras.

Las tuataras pueden ser grises, verde oliva y, algunas veces, de color ladrillo, con distintas cantidades de manchas.

Se creía casi universalmente que las tuataras pertenecían a una única especie, Sphenodon punctatus; sin embargo, todavía se están realizando estudios sobre la variación genética en las poblaciones de tuataras y se piensa que existen al menos dos especies de tuataras. Actualmente los investigadores consideran que la población que vive en la Isla Noth Brother, en el Estrecho de Cook, es geneticamente diferente y a pasado a considerarse una especie distinta, la Sphenodon guntheri.

El macho de las tuataras es bastante mayor que la hembra y suele pesar el doble; tiene una curiosa cresta que recorre la parte posterior del cuello y otra que recorre el medio lomo, ambas llevas espinas blancas llamativas; la hembra tiene cresta en el cuello y en el cuerpo, pero ni las crestas ni las espinas están bien desarrolladas. El macho tiene un abdomen proporcionalmente más estrecho y la cabeza es más grande que la de la hembra.

Como la mayoría de lagartos, las tuataras son capaces de tener autotomía caudal, es decir, mudan la cola para escapar de los enemigos. La porción perdida vuelve a crecer, pero se diferencia en color y diseño de la original, además, es más corta.

 

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